viernes, 29 de octubre de 2010

1. La envidia de mi gemela

Mi hermana salió de la habitación con una sonrisa resplandeciente. Seguramente había pasado la prueba y ya sería candidata a ser el ángel del Hijo de Dios.  Oculté alegremente mi envidia mientras se ponía a mi lado.
-¡He pasado!-me anunció ahogándome en un abrazo-me dijeron que iba sobrada para ser Aritmi.
-Que suerte-dije observando su cara, idéntica a la mía.
Dijeron el nombre de Gabriel, que entró tras dirigirme un guiño. Sentí mi corazón latir muy rápido. Cuando él terminara de hacer la prueba, me tocaría a mí. Yo me sentía muy insegura, en cambio, mi hermana ya estaba flotando en las nubes. Sí, ella podría sentarse al lado de arcángeles y principados. Podría provocar envidia a las potestades de la puerta al Cielo, y bajar con soltura y elegancia hacia la Tierra, dónde conocería a su protegido, sino era elegida como Aritmi. Sí, ser elegida como tal sería…lo más increíble que podría pasarle a un ángel. Aritmi era el nombre que recibían los ángeles elegidos para proteger al hijo del Señor durante su periodo de aprendizaje en la Tierra. Yo, un simple y torpe ángel, no sería nombrada ni por asomo por el Superior Rafael. Sería repudiada, cómo no, al más bajo puesto. Mis superiores se alejarían de mí. ¿Quién dijo que los ángeles eran los seres más puros? En el fondo eran como los humanos. Egoístas, engreídos… Pero sin embargo, nos habían hecho pasar casi toda nuestra vida aprendiendo las costumbres, los sentimientos, las vivencias y la naturaleza de la raza humana. Suspiré. Vi como Gabriel salía con la cabeza agachada. Habían vuelto a rechazarle, seguro.
-¿Te han echado para atrás?-pregunté levantándome del banco de nube.
-No, pero me han dicho que he pasado por los pelos.-dijo sonriendo.
-Bueno, pues es mi turno-dije suspirando.
Crucé la sala volando con mis grandes y esplendorosas alas blancas. La Superiora Azucena me dedicó una cara de duda. Eso no me ayudó mucho, si os soy sincera.  Pasé a la sala decisiva, el lugar dónde las decisiones eran tomadas, dónde un ángel se jugaba todo, sus estudios… toda su vida. Era el momento para saber si todo había salido bien… o había sido en vano.
-Arya.
-Sí-dije compungida.


-¿Crees qué estará bien?-preguntó Gabriel.
-Ni lo sé ni me importa-dijo Satya mientras miraba hacia un arcángel que apuntaba los nombres de los aprobados.
-No sé por qué odias tanto a tu hermana-dijo Gabriel.
-En el fondo yo tampoco lo entiendo. Los humanos lo llaman “envidia”.
-¿Envidias a tu hermana?
-Siempre consigue hacerlo todo a pesar de ser tan tonta. No la aguanto. Ojalá no pase. Es obvio que la próxima Aritmi seré yo.
-O yo.-dijo Gabriel.
-No digas tonterías-dijo ella poniéndose el pelo detrás de la oreja.-Has tenido suerte de pasar al Círculo Celestial.
-Mira, ya sale. Sonríe. ¡Ha pasado!-exclamó Gabriel.
-¡He pasado!-dije con extasiada.-Los Superiores me han alabado. La torpeza no me ha ganado en ningún instante. ¡Y mirad mi cetro! ¿A qué es chulísimo?
-Brilla mucho. Pero el mío más-observó Satya.
-Podremos formar parte del Círculo Celestial, juntas-dije feliz, mientras abrazaba a mi gemela.
-Eso me llena de felicidad-dijo ella.
Me adelanté y pasé a la sala del Círculo. Esta súper emocionada. Iba a ser candidata a ser el ángel del hijo de Dios… la idea se me hacía grande y maravillosa. Me sentaría al lado de Arcángeles y Principados. Observaría al Superior, al Querubín Ismael pronunciar el nombre del elegido o elegida. Del Aritmi.

-Vaya, pues ha pasado a la primera-observó Gabriel chinchando a Satya.
-Cállate, inútil-respondió molesta.
-Satya, si no te andas con cuidado, pues acabar como Saúl.-dijo muy serio él.
-¿Cómo un ángel caído?-preguntó  incrédula ella-¿Cómo un demonio?-susurró más bajo.
-¡No digas esa palabra!-la riñó él mirando hacia los lados.
-Jamás me sucederá.-dijo ella ignorándole-Por ahora no he desobedecido a Dios.
-La envidia te reconcome-la acusó.-eres como una humana.
-Cállate-dijo cansada ella, apartándole y entrando en la sala del círculo.
En el fondo era verdad. Odiaba y envidiaba a su gemela. Pero era sentimientos que no podía controlar, a pesar de ser un ángel.

Resumen de Pétalos de Luz

Lune y Yo Misma  me pideron que hiciera un resumen de Pétalos de Luz. Pues, ahí va:

Selena es una chica soñadora, de salud inestable. Perdió a su madre, una actriz americana cosechadora de multitud de éxitos. Tras tres meses de tristeza, le llega otra terrible noticia; su padre ha encontrado trabajo en Nueva York, y tiene que irse. La parte buena, es que acaba viviendo por medio año en la casa de su príncipe azul, de su amor platónico, Miguel. Pero resulta que él es todo lo opuesto a lo imaginado, y trata de odiarle y detestarle como sea. Encuentra de nuevo a su primer amor, Luis, que despierta celos en Miguel, la fijación de Selena. Ella se lanza a un casting, y consigue el papel principal. Con ello, logra ser una actriz conocida. Pero no todo en su vida es la fama. Luis la engaña con su mejor amiga, Alicia, y eso la devuelve a su tristeza inicial, pero Miguel, que se enamora de ella, la consuela, y así Selena rompe su promesa de odiarle hasta el final. Todo el feliz, hasta que el medio año pasa, y su padre vuelve. Ha encontrado una nueva mujer, y se lleva a Selena a Nueva York, alejándola que todo lo que más quiere. Con el paso de los años, Selena y Miguel se casan, y forman un familia.

XD. No soy buena con los resúmenes. Pronto publicaré un resumen sobre "Te Quiero", la siguiente historia que escribiré. Mirad, ya he puesto el header nuevo, lo he hecho yo. ¿Cómo pensáis que me ha quedado??? Besos,

Baby.

jueves, 28 de octubre de 2010

Epílogo

Caminaba del brazo de mi padre. Podía oír cada paso tras mí, como un sonido, un leve recuerdo que queda atrás.  El velo me impedía ver mucho, pero ni una pared de piedra podía evitar que sonriera al ver la figura del amor de mi vida. Llegué al altar y él extendió su mano. Iba a cogerla cuando…

Desperté. Sentí una extraña angustia en el corazón y palpé en las sábanas. Ahí estaba. Él me agarró de la mano y me la estrechó dándome la calidez que necesitaba.
-¿Estás bien, cariño?
-Sí, no ha sido nada. Es solo que he tenido un sueño.-dije incorporándome en la cama.
-¿Sobre qué?
-Sobre un chico del que estuve perdidamente enamorada.
-Si me cuentas eso me pondré celoso-dijo él riéndose.
-Lo dudo.-dije abrazándole.-era el día de mi boda. Y estaba allí, en el altar.
-Si no recuerdo mal, yo estuve en ese lugar-me comentó él.
-Nunca podré olvidarle-dije ignorándole.-fue la persona más importante de mi vida. Y lo es.
-Tú también lo eres para mí-dijo besándome Miguel-después de Charlotte.
-Idiota…-dije riéndome.
-Va a ser mejor que te des prisa. No quiero que Charlie llegue tarde al colegio.-dijo levantándose de la cama.-y tú tienes planes, ¿no?
-¿Y tú qué? ¿No tenías hoy el día libre? Puedo aplazar mis planes con la discográfica y podemos ir a visitar a Ángel y a Celia.
-¿Crees que la discográfica aguantará los caprichos de una actriz adinerada y famosa como tú?
-Creo que una puede pasar-dije convencida.
Entonces la puerta chirrió, y una niña de cinco años asomó la cabeza. Tenía largos rizos y tirabuzones de color castaño miel, y los ojos verdes y saltones. Sonrió.
-Mamá. ¿Es la hora del cole?-preguntó andando hasta al cama.
-Ya voy, cariño. El uniforme lo tienes en tu cama-dije dándole un beso.
Miguel me sonrió, y dándome un breve beso salió de la habitación.
Sí. Ahora vivía en Nueva York, con mi marido Miguel y mi hija, Charlotte. Mi padre la tiene muy mimada, aunque en el colegio está en el anonimato que es mi hija. Aunque sé que cuando se haga mayor tendremos que ponerle un tutor para ella sola. Sí, mi padre se casó con Louise, y sí, llegué a quererla a pesar de haberme prometido no hacerlo. Ángel conoció a Celia, mi sustituta en la serie, y bueno, con el paso de los años se casaron. Alicia y Luis, duraron poco. Alicia nunca se perdonó haberme traicionado, y acabó rompiendo con él. Actualmente vive en Madrid, está casada y tiene mellizas. ¿Y Luis? Volvió a Londres. No se supo nada de él. Sigo manteniendo relación con Alicia, nos mandamos cartas e e-mails. ¿Qué cómo me llegué a casar con Miguel? Cuando cumplió los dieciocho vino a buscarme, y cuando me encontró, nos casamos. Sí, una locura, casarse a los dieciocho, lo sé. Pero a mi padre y a Louise le pareció bien, y los padres de Miguel no tuvieron nada que objetar. Nos casamos, y a los tres años, tuvimos a Charlotte. Y aquí estoy, cada día más cerca de los treinta años, integrada en el mundo del cine y la música.  Mi salud acabó mejorando, y casi no tengo ataques de ansiedad, ¡lo cual me alegra bastante! Carol se convirtió en actriz de éxito en España, y ahora mismo está en Los Ángeles tras su última película, con su primo Ángel. ¿Qué si estoy satisfecha con mi vida? Sí, conseguí lo que siempre quise y deseé. Miguel. Empecé soñando con él, y… mi sueño se hizo realidad. Pocas veces los sueños se realizan.  Pero, claro, pocas veces se persiguen los sueños como hice yo.

lunes, 25 de octubre de 2010

25. Pétalos de Luz

Cuando Jairo abrió la puerta miré inexpresivamente a mi padre. Tenía la cara seria. En cuanto me vio me abrazó. Yo no respondí a su abrazo. Es más; odié que me tocara. Con gesto de desprecio le miré cuando me soltó. Él suspiró. Cogió mi maleta y agradeció la hospitalidad a Jairo. Violeta se despidió de mí con lágrimas en los ojos y yo la abracé con fuerza. Había sido mi hermana pequeña por mucho tiempo. La había querido como tal. Jamás la olvidaría. Luego me despedí de Dalia, mi segunda madre. Con ella había sentido por fin lo que era tener una madre de verdad. Ella estaba con sus hijos. Yo sólo veía a mi madre a la hora de cenar. Y a veces ni por ésas. Aunque claro, ya no la vería nunca más. Suspiré. Miguel estaba detrás de mí. Yo le miré. De repente no vi necesario ocultar mis sentimientos por él. Si mi padre había encontrado a otra mujer, yo no tenía por qué esconder que había encontrado al amor de mi vida. Quería echarle en cara que me separara de él. Quería que sufriera la despedida como yo la estaba sufriendo. Le abracé. Jairo y mi padre nos miraron sorprendidos. Era obvio que eran los únicos que no sabían nada de nuestra relación. Dalia y Violeta sonrieron.
-Volveré-prometí mirándole a los ojos e ignorando todo a mí alrededor.
-Te esperaré-dijo suavemente.
Me puse de puntillas y acerqué mis labios a los suyos. Le besé y luego volví a abrazarle. No pude contener las lágrimas.
-Te quiero-le dije, pero esta vez bajito.
-Tanto como yo-dijo él.
-Adiós.
Me limpió las lágrimas con sus dedos y me dio un suave beso en respuesta. Me volví hacia mi padre y caminé hacia afuera. Mi padre y Jairo aún estaban el portal.
-Vamos-dije con inexpresividad.
Había un taxi esperándonos. Metimos la maleta en el maletero.
-Papá, quiero que paremos en los estudios de la calle Sebastan.
-¿Dónde ruedas la serie?-preguntó.
-Sí.
Monté en el coche, y mi padre a mi lado. Estaba claro que tenía preparada una charla, que yo no estaba dispuesta a aguantar.
-Cariño, ¿Miguel era tu novio?
-Sí-dije dispuesta a responder en monosílabos.
-No me lo habías contado.-dijo con tono herido.
No me dejé llevar por mis sentimientos. Estaba demasiado enfadada como para eso.
-No creí que te fuera a importar.-dije.-tú tampoco me contaste que estabas con una mujer hasta ayer.
Mi padre no respondió. Paramos en el estudio. El día antes había avisado a Carmen de que dejaba la serie. Iba a despedirme de todos, de mi director, de mis compañeros de reparto, de mi mánager… Salí a la calle. Ángel estaba en frente del estudio. Corrió hacia mí y me abrazó.
-Te voy a echar de menos.-me aseguró.
-Yo también-dije.
Entré. Estaban todos reunidos allí. Sonreí al verlos todos juntos. Me despedí de Carmen, de Carol y de todos los demás.
-Nunca me olvides-me pidió Carol-a tu hermanita pequeña.
-Jamás-juré abrazándola.
-Espero que no te hagas más famosa que yo-dijo Carol sacando su yo interior-aunque en una ciudad como Nueva York…
-¡Y nunca te olvides de tu fantástica y preciosa mánager!-exigió Carmen abrazándome.-nunca tendrás otra igual.
Me despedí de cada uno de ellos, y salí a la calle de nuevo. Entonces una mano me agarró por el brazo. Me giré y vi a Ángel.
-Bueno, quería decirte adiós.-dijo poniéndose nervioso.
-Yo también.-dije regalándose una sonrisa.
-Selena, yo te quiero-confesó-estoy enamorado de ti.
Respiré y sonreí.
-Ya lo sé. Y yo también te quiero. Pero como amigo.
Le di un beso en la mejilla.
-Espero que encuentres a alguien que pueda quererte de verdad-le dije.
Asintió. Yo le abracé.  Me metí en el coche y le vi sonreír. Respondí a su sonrisa. Y lancé un beso al estudio. Parte de los cinco meses la había pasado allí.  Los demás salieron y me saludaron con la mano. El coche arrancó, y empecé a verlos cada vez más pequeños.
-Papá-dije de repente-sabes que solo me causas dolor haciéndome esto.
-Selena…-dijo-lo siento. Yo…
-No te disculpes-dije con un suspiro-no tengo ninguna gana de conocer a esa mujer con la que estás. Pero la conoceré. Y conviviré con ella si lo deseas. Aunque no sea lo que quiera. Lo haré porque eres mi padre.
-Cariño-dije abrazándome.
-Pero no me pidas que la quiera-dije mientras me tenía en sus brazos.
-No lo haré-me prometió.
-Para-dije de repente.
El coche se paró y mi padre me miró sorprendido. Calle Oasaca, número 46. Conocía perfectamente esa calle, ese número, esa casa.
-Papá, voy a hacer una última visita.-dije.
Salí del coche y llamé al timbre del número 46.
-¿Quién es?
-Soy Selena-dije con esfuerzo.
Se oyó un golpe, seguramente del telefonillo, y luego unos pasos corriendo. La puerta principal de abrió. Me quedé mirándola. Estaba en pijama y descalza. Cómo no. Mi Alicia. Mi amiga.
-¡Selena!-gritó.
Dejé que me abrazara. Después de todo, no iba a volver a verla.
-Yo…-musitó.
-Nada.-dije con ternura.-olvidémoslo. Alicia, he venido a verte para perdonarte. Para que volvamos a ser amigas.
-¿De verdad?-susurró con lágrimas en los ojos.
Sonrió con infinita felicidad.
-Alicia-dije con tristeza-nunca estaré bien con lo que me hiciste. Pero fuiste alguien my importante para mí. Por eso he venido para despedirme de ti.
-¿Despedirte? ¿A dónde te vas?
-A Nueva York.
-¿Qué?
-Sí-dije.
-No…-susurró mientras empezaba a llorar.
-No llores-dije-volveremos a vernos.
-No te olvides de mí-me pidió Alicia.
La abracé muy fuerte y le di un beso en la mejilla. Me giré y me metí de nuevo en el coche. A través del cristal le dediqué mi sonrisa más sincera y feliz. Porque nada me ponía más contenta que haberla perdonado. Porque era algo que deseaba desde el fondo de mi corazón. El coche nos llevó al aeropuerto. Miré mi reloj. Eran las nueve de la mañana. En una hora cogeríamos el avión. Pasé la hora pensando en mi vida. ¿Qué rumbo tomaría? ¿Seguiría con mi carrera de actriz?
-Cariño, en Nueva York estudiarás interpretación-me explicó mi padre-Louise también es actriz. Ella te enseñará también.
-Cuéntame cosas de ella.
-Era una actriz que estaba de protagonista en mi película.
-¿Cómo se llama tu película?
-Nunca te podré olvidar. Trata de una persona que intenta odiar y olvidar a la persona que quiere. Pero entonces se da cuenta de que no puede hacerlo, y acaban juntos.
-Guau, eso me resulta familiar-dije riéndome.
-¿Por qué?
-Por nada…-dije sonriendo feliz.
Subimos por la escalerilla que llevaba al avión. Pasé dentro y me senté en un asiento cerca del servicio, al lado de mi padre.
-Es la primera vez que monto en avión-dije.
-En realidad es la octava.-dijo mi padre.
-Ah, vale, y yo sin enterarme-espeté.
Apoyé la cabeza en el hombro de mi padre. Adiós España. Adiós Madrid. Adiós Miguel. Adiós a todos. Miré por la ventanilla ausente. Entonces sonó mi móvil. Vaya, pensé que lo había apagado. Me lo saqué del bolsillo y lo miré. Me tapé la boca, y las lágrimas corrieron por mis mejillas. Tenía un mensaje de Miguel, y en ponía, con todas las letras, su último mensaje, mi último pensamiento.

Pétalos de Luz.

Venga, ya

He pensado que no quiero que sigáis "sufriendo", ejem. Asi que voy a publicar el siguiente capítulo, para aquellas personas que quieran leerlo. Aunque he de admitir, sinceramente, que no estoy muy orgullosa de mi trabajo con Pétalos de Luz. Siento como si no me hubiera esforzado lo suficiente. Pero bueno, con cada historia, siento que me formo más, las ideas surgen por sí solas, de una sola frase, de una sola palabra. Ya sé lo que quiero ser en la vida, cuál será mi camino. Sé que lo lograré si me esfuerzo. Y por ello, voy a esforzarme más que nunca en mi próxima historia. Y todo lo he decido yo solita, jeje. Empezaré a leer más, a escribir, a aprender, para conseguir escribir la historia más original y bonita que jamás hayáis leído. Por eso, creo que voy a dejar de escribir por un tiempo en el blog, para poder centrarme en mi próxima meta; el concurso que hay en mi colegio. Escribiré una buena historia para ser la mejor porque quiero hacerlo y me dejaré la piel en conseguirlo si hace falta. No creo que gane (eso es mucho soñar) aunq podeis acerme un favor y no participeis lo que estais en mi cole , jaja, (es coña!!!) Bueno, eso es todo. Ahora publico mi penúltimo capítulo de Pétalos de Luz. Espero que os guste. Os quiero gracias por todo, todo, todo.

Baby

domingo, 24 de octubre de 2010

Último capítulo

He de deciros que me ha encantado escribiros esta historia. Ha sido muy especial. El próximo capítulo será el último. Bueno, el penúltimo. Como he dicho, pondré otro capi más para explicaros qué fue de Selena, Miguel, Luis, Alicia, Carol, Ángel... en fin que fue de todos. Espero que os haya gustadoo mi historia. Estoy muy feliz de todo el apoyo que he tenido, tanto de maite, inma, mar, marta, eva... un montón de gente. (kiss, lune...) Bueno, voy a acabar mi historia con el próximo capi, que publicaré mañana. (kerrría hacerlo hoy...pero no) esq quiero leer los comentarios k pongais en esta entrada juas juas, mira que soiiii malaaaa!!! al final tendra un final triste, y feliz, es decir, sele se ira...pero.... aaa!!!no digo mas. Spero que leáis mi próximo capítulo. Besos a todas, y gracias, muchas gracias por leer mi historia. En nada empezaré a escribir la siguiente... que se llamará...ah, pos nosé, ya lo pensaré. Pero irá de un ángel... ya veréis, será tope romantica tambn! asi que espero que la leáis. Tendré que cambiar los muñekitos, jo ahora k acabo de ponerlos... bueno, los pondré abajo y al lado pondré los de los nuevos personajes:) Si queréis volver a leer la historia, tranquilas, que no la borraré, estará ahí, para todas las que quieran leerla. Muchos besos a todas de parte de

Selena, Miguel y Baby!!!:)


POSDATA: Primer capítulo de Pétalos de Luz:  http://quiero-escribir-escribir-escribir.blogspot.com/2010/09/1-mi-sueno.html

24. Te amo

Estaba metida en mi cama, llorando. Miles y miles de preguntas se formulaban en mi mente, pero no me molestaba en responderlas. ¿Para qué? ¿Para sentirme más sola y desdichada? Enfurecida empecé a berrear y a apreté los dedos en las sábanas. Estaba segura de que acabaría rompiéndolas. Me limpié las lágrimas y cogí aire. Si seguía enrabietándome así acabaría teniendo otro ataque de ansiedad. Demonios, ¿por qué? ¿Por qué tenía una salud tan débil?
-Selena-Dalia entró.
La miré. Esperaba que no notase mi notable cara roja e hinchada pero estaba claro que lo había notado, y también había escuchado mis gritos.
-Sé lo de Miguel-me dijo antes de que tuviera tiempo de inventarme una excusa para mis lágrimas.
-¿El qué?-dije.
-Que estabais juntos. ¿Crees que una madre no ve cuando una chica se mete en la habitación de su hijo?
Enrojecí.
-Cuando te he oído en tu cuarto, he ido a ver a Miguel, y me lo confesado todo. EL pobre está hecho polvo.
Sorbí las lágrimas y sentí una punzada en el corazón.
-Aunque hay algo que no me cuadra…-dijo Dalia intuitiva- Si no le quieres más… ¿por qué lloras?
-Porque sí le quiero…-berreé abrazándola.
Ella me consoló algo confusa. Y yo se lo conté todo, todito, todo. Ella me acarició la cabeza.
-Cariño, creo que Miguel, te comprendería. Deberías decirle la verdad.
-Pero…
-Nada de peros. Límpiate la cara y baja. Ya está la cena. Y… anímate, ¿vale? Hazlo por Miguel.

Lo hice y bajé a cenar. Casi me muero cuando vi a Miguel. Tenía la cabeza cabizbaja.
-Cariño, no has comido nada-le dijo Dalia preocupada.- ¿estás bien?
-Claro, mamá, es que tengo el estómago revuelto.
Iba a levantarse, cuando empezó a sonar el teléfono. Fue a cogerlo y se lo puso en la oreja. Vi como hablaba con alguien y él abría los ojos como platos.
-Papá, es el señor Ortiz-dijo.
“¿Papá?”, pensé mientras mi corazón se aceleraba.
-Oh, que bien-dijo Jairo poniéndose el teléfono en la oreja.
Oímos a penas los monosílabos de Jairo, sus sonrisas, sus suspiros… Estábamos deseando saber que tenía para decirnos. Miguel permaneció apoyado en la silla mirando al suelo.
-Tu padre tiene buenas noticias-dijo sonriendo Jairo-¡vuelve mañana de Nueva York!
Se me congeló el rostro. ¿Vuelve? ¿Por qué? Ni si quiera había pasado medio año. Habría estado en Nueva York, seis… Seis. Seis meses. Medio año. Cogí temblando el teléfono. De repente había empezado a desear que no acabara así. Que no me tuviera que despedir de Miguel, así, como estábamos. Separados.
-¡Cariño!-la voz feliz de mi padre me sentó como una puñalada.
-Ya vuelves…-dije.-que feliz estoy.
-Sí, por supuesto cariño. Pero sólo por unos días.
Una chispa de esperanza se despertó en mi corazón, y casi me avergoncé de ello. ¿Cómo podía ponerme feliz no ver a mi padre? Lo que pasaba era que quería arreglar las cosas con Miguel…quería estar con él…
-Cariño, he conocido a una mujer.
Me quedé congelada de nuevo. No podía pensar, no podía ver, ni escuchar, ni sentir. Otra mujer. ¿Y mamá? ¿Y mamá???
-Otra mujer…-repetí conteniendo mi histeria.
Me levanté de la silla y me fui al pasillo para poder desatar mi furia sin que me vieran.
-Así que iré a recogerte, y viviremos en Nueva York, los tres juntos.
-¿Los tres juntos? ¿De qué vas, papá? ¿Tan rápido te has olvidado de mamá?
-Cariño, sabes que no es así…
-¡No has tenido en cuenta para nada mis sentimientos!-le grité-¿otra mujer? ¡y me lo dices así, como si nada! ¡Cómo si no acabara de perder a mi madre hace menos de un año! Te odio papá…
Empecé a llorar con furia, rabia y dolor. No quería escucharle. Colgué el teléfono y me quedé sentada en el pasillo, intentando sosegar mis lágrimas. Dalia y Miguel salieron al pasillo preocupados.
-Selena, cariño-dijo Dalia-tu padre estará bien con ella, seguro que cuando la conozcas…
-¡No!-grité enterrando la cara entre las piernas.
-Selena-musitó Miguel-vamos.
Me levantó, y me dejé coger como una niña pequeña.
-La llevo a su cuarto-dijo Miguel dirigiéndose a su madre-ha tenido un día cansado. Seguramente necesita dormir.
Disfruté cada momento que pasaba en sus brazos. Podía oír el latido de su corazón rápidamente. Iba a dejarme en la cama cuando me aferré desesperadamente a su camiseta.
-Selena…-musitó-¿de verdad ya no me quieres?
-No…-respondí apuñalando de nuevo mi propio corazón.
Me dejó en la cama. Cuando iba a irse, me arrepentí. Me arrepentí de todo.
-Miguel…
Él se quedó parado, sosteniendo el manillar de la puerta.
-¿Cómo no voy a quererte?-musité.-no te quiero…te amo.
Miguel soltó el manillar y corrió hacia mí. Me abrazó. Sí. Eso que yo tanto necesitaba. Necesitaba que me abrazara.
-No quiero irme-lloré-te quiero. No quiero que nos separen.
-Yo tampoco-respondió abrazándome más fuerte.
-Te amo…-volví a decir separando mis cabeza de su pecho.
-Yo también-me respondió besándome.
Era extraño. Nunca le había dicho eso a nadie. Me parecían palabras demasiado grandes. Pero por un momento sentí que estaban hechas a nuestra medida. Como si estuvieran creadas sólo para que nosotros las dijéramos.



Comentario de Escritora

¡Espero que os esté gustando la historia! Aunque no sé por qué algo me dice que la termine, aunque me da mucha pena. ¿Creéis que debería dejar así el final? Sele se convierte en una gran actriz y se separa de Miguel...??? Jaj, como os hago sufrir, eh? Tranquilas, aún queda para el final, y puede que os sorprendáis. Hoy he escrito 2 capítulos, me he esforzado,así que comentad-!!!!X cierto, os gustan los muñekitos de Selena y Miguel??? A k son monos!!!?? Me encantan. Bueno, ¡¡¡Besos!!!,


Baby.

23. Lágrimas que corren


-¿Por qué?-musité.
-¡Está en juego tu carrera!-exclamó ella-cariño, lo vuestro es solo un romance juvenil. A la semana se te pasará.
-¿Cómo puedes decirme eso?-exclamé entre angustiada y enfadada.
-¿Tu carrera o él? Piénsalo. No dejas de salir en las revistas, y puede que pierdas fama. Los directores y las empresas no querrán a alguien que está todo el día metida en la prensa rosa. Los paparazzis no dejan de perseguirte. Si cortas con él eso se acabará. No habrá nada interesante en ti a parte de tu carrera.
-Entiendo-dije clavando la mirada en el suelo.
-Bueno. No vuelvas a colgarme como hiciste anoche. Me diste un buen susto. Y ahora vamos a darnos prisa.
Anduve detrás de ella. Estaba vestida con unas gafas de sol y una gorra para que no me reconocieran. No sé cómo iba a decirle a Miguel esto…
-Será mejor que le digas que no le quieres más-dijo ella como leyéndome el pensamiento.
-¿Cómo voy a hacer eso? ¡Le quiero!-le espeté.
-Vamos, si le dices la verdad te insistirá y no podrás dejarle.
-Ah-dije mirándola.-pero le haré daño…
-Lo superará… como si no me hubiese pasado a mí en la adolescencia…
Suspiró. Traté de imaginarme a Carmen en adolescente pero por algún motivo no surgió ninguna imagen en mi imaginación. Por un momento se me pasó por la cabeza que Carmen nunca había sido adolescente. ¿Cómo era posible que me dijera tan ancha que dejara a Miguel? ¡Al amor con el que siempre he soñado, mi vida!!!
Pasamos por el parque de cerezos. Sonreí. Me traía tantos recuerdos… entonces vi a Luis sentado en un árbol. En nuestro antiguo árbol. Me giré para no tener que ver la cara de Alicia, pero me sorprendí, cuando al mirar de reojo vi que estaba solo.
-Luis, ¿Qué haces aquí tan temprano?-le pregunté.
-¡Selena! ¿Eres tú?-preguntó sorprendido.
-Sele, me adelanto, pero date prisa-dijo Carmen mirando su reloj y echándose prácticamente a correr.
-Verás, es que me apetecía estar aquí, para recordar.-dijo él.
-Ya. ¿Qué tal está Alicia?
Sí. Era la última persona por la que me apetecía preguntar. Pero, ¿qué iba a decir? Ah, sí, claro. “Te odio, púdrete. Eres lo peor que me ha pasado en la vida, aunque en cierta parte, gracias a ti, estoy con Miguel, pero, eso no importa, te sigo odiando, a ti y a Alicia, cómo pudiste engañarme, grandísimo cretino, miserable, idiota, descerebrado….” Pero claro, eso eran solo pensamientos… Vamos, cálmate.
-Te echa de menos.-me dijo.
“MALDITO CRETINO, ¡NO ME HABRÍA ECHADO DE MENOS SI NO ME HUBIERAS PUESTO LOS CUERNOS!!!”
-No me importa-me sorprendí de mis propias palabras.
-Yo intenté no enamorarme de ella, Selena-dijo-te quería a ti.
-Ya-dije con incredulidad.- ¿cuándo empezaste a engañarme? ¿Antes o después de decirme que me querías y que confiara en ti? ¿Tic, tac? Que gran gilipollez…
Empecé a reírme y no pude evitar llorar con rabia. Esa gran gilipollez era la única en la que había creído desde que mi padre se fue.
-Cálmate, Selena…-dijo levantándose.
-No me toques-dije con furia.
Él retrocedió y me miró con tristeza. Empezaba a respirar entrecortadamente. Pero estaba segura de poder aguantar con todo…hasta el final. Por mi madre… por mí.
-Mentiras…todas fueron grandes y estúpidas mentiras…-le dije- no…
Me giré para irme. Entonces él me paró e hizo que le mirara.
-Selena, por favor, tranquilízate…
-¡DÉJAME EN PAZ!
Sentí una punzada en el pecho. Luego un desgarre. Después una cuchillada. Se me paró la respiración. No podía respirar. Empecé a llorar mientras me abrazaba el pecho. Miguel. Miguel. Miguel. Vi a penas como me levantaban… un momento… ¿me había caído al suelo? Ya no me importó quién me llevaba. Aunque fuera Luis. Tan solo trataba de aferrarme a esa luz que me mantenía despierta, a esa ráfaga que no podía alcanzar, aunque estirara cada uno de mis dedos.


-Shh… tranquila, Selena, estás en casa.
Abrí los ojos. Era Miguel. Mi sueño se había hecho realidad. Mis súplicas habían sido escuchadas. Sin embargo un sentimiento de tristeza.
-Luis te ha traído-pude sentir algo de rencor en su voz.
-Tenía que haberme dejado tirada-dije para calmar sus celos-por haberle gritado tanto…
Sonreí. Entonces le besé. Me miró sorprendido. Empecé a llorar. Le quería tanto… ¿cómo iba a decirle lo contrario? ¿Cómo iba a mentir a la persona que yo más quería?
-Miguel… yo…
Cerré los ojos y corrieron las lágrimas.
-Lo siento...-musité.
Me miró sin comprenderme. Estaba empezando a impacientarse, así que abrí los ojos y se lo dije. Él abrió mucho los ojos y se quedó inmóvil, mientras me observaba llorar.
-Ya no te quiero más…quiero que terminemos.

22.Revelaciones

-Me gustaría saber qué haces cuando visitas el cuarto de Miguel en horas nocturnas…-comentó Violeta tirándome una almohada.
-No hacemos nada raro-espeté.
-¡Tienes quince años! Todo lo que hacéis es raro.
Solté una carcajada. Viole era como mi hermanita pequeña. Siempre había querido una. Pero con una hija ya era suficiente para una actriz y un director de cine.
-No todo…-dije-ayer tu hermano me regaló rosas al salir del estudio.
-Sí, las he visto-dijo ella riéndose-eso no le pega a mi hermano…
-Lo conoces muy bien-dije-¿no? Cuéntame cosas sobre él.
-Pues… tuvo su primera novia en tercero de primaria.
-Eso no me importa…-dije con terquedad-cosas sobre él, sobre su carácter, su forma de ser…
-Pues… es muy celoso. No sólo de sus novias.-aclaró- también de mí y de mis padres. Cuando un chico se me declaró, estaba todo el día encima de mí. Pero cuando conoció a Diana, todo cambió.
-¿Cómo que cambió?-pregunté sorprendida.
-Sí-dijo dando una vuelta en su cama y mirándome-dejó sus celos de lado y se limitó a estar con ella y hacerla feliz. Pero un día, su mejor amigo… se la quitó. Él se enfadó muchísimo, incluso se peleó con él. Ella le dijo que estaba harta de sus celos y se marchó con su mejor amigo. Miguel nunca se lo perdonó.
-Ah…-musité entre sorprendida y triste.
A Miguel casi le había pasado lo mismo que a mí… por eso podía entenderme y saber lo que me pasaba. Por eso sus abrazos me llenaban. Porque a los dos nos faltaba una mitad del corazón. Por eso no podía odiarle. Empecé a respirar con dificultad.
-Oye, ¿estás bien?-dijo preocupada Violeta.
-No es nada-dije conteniendo las lágrimas y levantándome de la cama. Era un sábado por la noche, seguro que Miguel estaba despierto. Necesitaba… hablar con él.
Llamé a la puerta. Responde… responde.
-Pasa-dijo su voz.
Entré. Estaba sentado en la silla y mirando la ventana. En la noche oscura había pintada una esfera blanca completamente perfecta.
-Miguel…-musité.
Él se levantó preocupado y yo le abracé. Empecé a respirar mejor, pero no eso no me quitaba las ganas atroces de preguntarle.
-Miguel, ¿te pasó lo mismo que a mí?-pregunté con un hilo de voz.
-¿A qué te refieres?
-¿Te pasó lo mismo que a mí con Luis?
Estuvo un largo tiempo en silencio, mientras me abrazaba. Me apretó más fuerte, y entonces me besó.
-Te lo ha contado la cotilla, ¿Verdad?
-Sí-admití-lo siento.
-No lo hagas-dijo riéndose-eso forma parte de mi pasado. Ahora tú eres mi presente y mi futuro.
Me sonrojé.
-No estamos teniendo mucho tiempo para nosotros-se quejó poniéndome un mechón de pelo tras la oreja.
-Pronto me cogeré unas vacaciones-dije-para poder estar a tope contigo.
-Eso de a tope…-dijo riéndose.
-¡Mal pensado!-le acusé empujándole.
-Duerme esta noche conmigo-me pidió.
-Ni loca-dije indignada.
-Sólo dormir…-aclaró-es sábado. Violeta sabrá guardar un secreto.
-Adiós-sentencié-te podrían entrar ganas de…
-¿De qué?-preguntó sorprendido.
-¡IMBÉCIL!-le grité mientras me iba enfadada de su cuarto.
Me quedé apoyada en la pared del pasillo y suspiré. Entonces empezó a sonarme el móvil. ¿Carmen?
-¿Diga?
-Selena-la voz de Carmen sonaba agitada.
-¿Qué pasa?
-Tengo que pedirte un favor.
Caminé hasta mi cuarto para que no se me oyera desde el pasillo. Violeta se había quedado frita en la cama contigua.
-¿Qué favor?
-Selena, tienes que terminar con tu novio.
Clac. Clac. Clac. Observé el móvil inerte en el suelo con la mirada perdida. Mis pensamientos vagaban por mi mente confusos. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

jueves, 21 de octubre de 2010

21.El precio de la fama

Llevábamos casi diez capítulos de la serie. Me sentía feliz y tenía ganas de trabajar, aunque cuando llegara a casa me esperara el pérfido y estúpido profesor. Suspiré. Por lo menos también me esperaba mi príncipe allí. Aunque últimamente nos veíamos poco; entre que teníamos que disimular delante de sus padres, mi trabajo, mis clases, sus exámenes. Aunque viviéramos en la misma casa… estábamos tan lejos el uno del otro. Hacía ya casi una semana que apenas nos dábamos ni un beso. Nos comportábamos como simples compañeros de piso. Le echaba de menos.
Era por la noche. De repente vi un cuaderno en mi mochila. Ah. En una página tenía escrita mi dolor hacia Miguel, el primer día. Sonreí con tristeza y rompí la hoja en trocitos. La tiré a la basura y guardé el cuaderno. Había roto mi promesa… pero me sentía feliz de haberlo hecho. Había cenado con mis compañeros de trabajo, y cuando llegué a casa los pillé cenando. Seguramente Miguel habría terminando cuando antes para seguir estudiando en su cuarto. ¿Y si le hacía una visita? No le molestaría… ¿o así? Decidí no pensar en ello y salí de puntillas al pasillo. Miré por la puerta entreabierta. Estaba tirado en la cama con el libro de matemáticas tirado en el suelo.
-¿Puedo pasar?-pregunté.
-Estoy sin camiseta.-me avisó.
-Entonces…-dije.
-Pasa-dijo incorporándose y sonriéndome.
Enrojecí hasta la médula. Bueno… era como estar en la piscina, ¿no? No era tan importante… ¿o sí? Pasé con timidez y me quedé apoyada en la puerta. Levantó la mano y me indicó que me acercara. Me senté en su cama a una prudente distancia de él y me quedé mirando la colcha mientras sentía que se me subían todos los colores.
-Vamos-dijo riéndose-no es para tanto.
Me cogió de la muñeca y me atrajo hacia él.
-Hacía ya mucho tiempo que no estábamos así-me dijo.
-Solo una semana-dije tensa como un palo.
-Solo una semana…-repitió él con ironía.
Apoyé la cabeza en su pecho aún en tensión. Él soltó una carcajada, y apartándome de él se puso la camiseta del pijama.
-¿Qué tal el trabajo?-me preguntó.
-Bien-respondí estirándome algo más tranquila.-¿Y tú los exámenes?
-Estaba repasando Matemáticas-me dijo.
Ambos miramos instintivamente el suelo, que parecía un cadáver en el suelo tirado. Solté una risa.
-Ya…repasando. Yo diría más bien que lo estabas asesinando…
-Yo me cobro mis venganzas…-dijo riéndose.
Me puse seria de repente. ¿Venganzas?
-Me gustaría poner en su sitio…-dijo con una sonrisa triste-a muchas personas. Por ejemplo, a la que te hace llorar todas las noches.
Enrojecí con la culpabilidad tatuada en la frente.
-En realidad no es por él…-dije sonriendo con tristeza-es por mi madre. De pequeña cada noche me daba un beso y me dormía. Por las mañanas nunca estaba, pero podía verla en la tele, en los anuncios, en alguna que otra serie y en las películas. Después de que muriera, cada noche veía una película suya. Al cabo de  las semanas, noté como las fotos, las películas y sus cosas iban desapareciendo, poco a poco. Lo único permaneció conmigo fue una foto de mi madre en mi mesilla. Antes de irme, me fijé, que sólo quedaba un marco vacío.
-¿Qué pasó con todo?-preguntó  Miguel.
-Mi padre lo guardó todo… y la foto se la llevó a Nueva York.
-Lo siento, Selena-dijo abrazándome.
No respondí. Miguel siempre sabía lo que necesitaba. Y lo que necesitaba ahora era un abrazo… y besos que borraran los malos recuerdos. Me levantó la barbilla y me besó. Puse mis brazos en su cuello. Me recostó en la cama y nos pasamos casi una hora besándonos por todas las horas que nos habíamos perdido.


-¿Seguro que quieres acompañarme?-le pregunté.
-Claro…además a primera hora tengo Matemáticas…-dijo riéndose.
-O sea que te la quieres saltar, que no es por mí-dije fingiendo enfado.
-No te pongas tontina-dijo besándome la cabeza-sabes que sí quiero, y que eres la cosa más bonita del mundo.
-¿Cosa?-dije poniendo una mueca.
-Sí-asintió cogiéndome la mano.
Sonreí y apreté su mano cálida. Entonces vimos a una chica con el uniforme que antes usaba yo para el colegio. Me miró un instante, y casi me dio la impresión de que tenía estrellitas en los ojos.
-¡Ah!-gritó-¡Eres Selena!
-Sí.-dije confusa.
-Fírmame un autógrafo-me pidió sacando una libreta y un bolígrafo.
Le firmé un autógrafo y dedicándole una sonrisa seguí mi camino. De repente otra chica nos paró. Cuando me di cuenta tenía a casi un ejército deseoso de un autógrafo. Corrimos por toda la calle, los dos como locos y tuvimos suerte de encontrar un café donde escondernos. Nos metimos en los baños. (Bueno, obligué a Miguel a meterse en el de las chicas, pero bueno).
-¡Selena!-me dijo él enrojeciendo.-todavía me va a dar tiempo a llegar al colegio con la carrerita que llevamos.
-Ya llevamos media hora-dije mirando el reloj-sino dejan de acosarme voy a llegar tarde…
-Pues a mí me preocupa más estar en el baño de las chicas.-dijo mirando las paredes del baño con espanto.
-Cállate-dije riéndome.
Salí a hurtadillas y miré.
-Creo que se han ido-dije-vámonos.
Llegamos al estudio a la carrera. Tuvimos la mala suerte de toparnos con otra “fanática” de la serie en la que actuaba. Tuve que firmar otro autógrafo y salir corriendo. Pero por lo menos llegué.
-Pues verás cuando lances el disco.-me dijo Miguel antes de despedirse.
Le di un largo y apasionado beso.
-No me voy al fin del mundo-dijo riéndose.
-Cada vez que te vas es como si así fuera-dije mirándole.
Sonrió y me respondió al beso. Le miré mientras se iba. Entonces noté una presencia detrás de mí.
-La grabación va a empezar-me dijo Ángel con voz seca.
¿Me había visto con Miguel? Era realmente molesto. ¿Y si se había enamorado de mí? Descarté la idea. Solo jugaba. Entonces pensé en Miguel. Él también me dijo al principio que solo jugaba conmigo. Pero luego admitió que no fue así. Bufé.
-Ya voy-dije.
El precio de la fama...ay...