jueves, 25 de noviembre de 2010

Créditos

A mi amiga Lune, por eesa imagen tan chula que luego se me olvido colgar XD. Un besazo, este es su blog:
http://seguireviviendo.blogspot.com/

sábado, 20 de noviembre de 2010

Engañada

Me sentía mal. Estaba enfadada con Jack desde esta mañana. Me había ofrecido a estar con él el colegio, pero se ha negado en rotundo, sin dar más explicación, como si fuera una molestia. Refunfuñada, me dio por caminar sin rumbo por la calle.  Hacía algo de frío, lo cual me molestaba. Era absurdo que tuviera que abrigarme, cuando en el cielo podía sentir calor y estar a gusto. Pero no, la Tierra no era el Cielo. Y yo era humana ahora. Bueno. Por lo menos tenía la apariencia y las necesidades de una humana. Encima podía sentir esos sentimientos antes desconocidos para mí. La envidia, el odio hacia aquella chica… me regurgitaba por dentro. Y el caso es, que desconocía el motivo. Quizá sentía que de algún modo, le robaba un pedazo del corazón de Jack. A los pocos minutos observé con pesar,  que el corazón del hijo del Señor no me pertenecía. Me aturullé, y me senté en un banco con un suspiro. Sentía que mis sentimientos humanos podían conmigo. ¿Antes los tenía? Sí, pero no con tanta intensidad. Estar en la piel de un cuerpo humano, me hacía sentir todo lo que vivían ellos. No podía ignorar tranquilamente lo que sentía como lo hacía cuando era un ángel.  De repente descubrí que tenía que cerrar los ojos para no derramar lágrimas de impotencia y tristeza. Me abracé las piernas buscando consuelo. Entonces me fijé en una pequeña escena al otro lado de la calle. Dos chicos grandes y fuertes estaban metiéndose con otro. Éste podía tener la estatura de Jack.  Alarmada me acerqué a observar con cuidado.
-Ni se te ocurra volver, ni se te ocurra-amenazaba uno de ellos empujando al chico.
Éste hizo ademán de levantarse, pero el otro lo volvió a empujar hacia el suelo. Lo miré completamente sorprendida, y a la vez indignada. Tuve algo de miedo, pero salté a la escena con el objetivo de defenderle.
-¿Queréis dejar al chico tranquilo?
Los chicos se echaron algo para atrás, cuando vieron el entusiasmo que le había puesto a mi entrada. Me miraron como si fuera una piedra insignificante y me dieron un empujón. Me caí al lado del chico, dándome en la cabeza con una papelera de hierro. Sentí como la cabeza me daba vueltas, y un profundo malestar. Me dolía mucho la cabeza, pero la rabia que me entró en esos instantes pudo conmigo.
-¿Qué hacéis? ¿Cómo os atrevéis?
-Pero mira la niña, aún quiere guerra-se rió uno de los chicos señalándome.
Me limpié las rodillas mientras me levantaba, y me interpuse entre el chico y ellos. Éste intentó decirme algo, pero los chicos hablaron antes.
-Hoy, porque está tu novia, enano de mierda-insultó uno de ellos.
Los dos se fueron a paso lento, dejándonos a los dos en medio de la calle solitaria. Me apresuré a ayudar al chico, cuando me dio un mareo.
-Vaya, ¿Estás bien?-me preguntó el chico sosteniéndome-no hacía falta que me defendieras. Te he metido a ti en problemas. Joder, ¡estás sangrando!
Me reí débilmente.
-Si te hubiera dejado solo, ¿qué sentido tendría mi vida?-le respondí.
Le observé misteriosa un instante. Era rubio, y un poco más alto que yo. Tenía varios raspones en la cara, pero nada importante. En cambio, a mí, me había empezado a correr de la herida de la cabeza, algo de sangre.
-Hombre-dijo riéndose-tampoco es para eso…
Sonreí débilmente. Un humano no podía entenderlo. Un humano no podía comprender que yo solo existía para proteger y amar a alguien. A mi protegido. Sin eso, yo no era nadie. De repente me mordí el labio arrepentida. Mi protegido era Jack. Yo tenía el deber de cuidarle y protegerle. Entonces noté como me limpiaba la cara de sangre con la manga de su abrigo.
-Lo siento, de verdad-dijo él.
-¿Por qué te querían pegar?
-Cuestión de territorio, ya sabes-se limitó a decir él.
Asentí como si supiera de lo que me estaba hablando. Era una persona muy amable.
-Mierda, no hay manera de parar esto-dijo mientras mantenía su manga en mi frente.
-No te preocupes-le dije.
-Nada-insistió él-ven a mi casa; allí tengo vendas y puedo curarte.
Asentí muy poco convencida y le seguí.
-¿Cómo te llamas?-me preguntó.
-Arya-respondí.
-Vaya, curioso nombre-dijo él- pero bonito-añadió.-Yo soy Daniel.
-Encantada.-dije sonriendo.
-Guau, eres algo rara ¿sabes?-me dijo él.
-¿Por qué?-dije poniendo una mueca.
-No sé, no eres como las demás chicas, que están todo el día fijándose en el físico, y esas cosas-dijo-nada olvídalo, es una estupidez.
-No sabía que las chicas de hoy en día se fijaran solo en esas cosas-dije.
Él me sonrió con calidez.Me llevó a su casa. Era un tercer piso. El pasillo estaba lleno de plantas. Me invitó a pasar. Sabía que no debía fiarme de desconocidos, pero mi instinto de ángel me hacía fiarme de él.
-Oye, ¿no deberías estar en el colegio o en el instituto?-pregunté.
-Pero si hoy es sábado.-me dijo él.
-¿Sábado?-exclamé asustada.
Era sábado. Entonces Jack no había ido al colegio. Ah. Rechiné los dientes con rabia. No había querido que yo estuviera a su lado, y se me ocurrían un montón de sitios a los que podía haber ido.  Lentamente me di cuenta de que era muy fácil engañarme. Intenté calmarme y observé como cogía vendas de una caja metálica.
-Vaya, perdona, no me había dado ni cuenta.-dije.
Empezó a limpiarme la herida con cuidado. Estuvimos largo tiempo hablando. Eran sobre las dos cuando me tuve que ir. El tiempo se me había pasado volando.
-Oye,-me dijo cuando estaba saliendo-¿quieres quedar esta tarde?
-Claro,-dije-pero no tengo teléfono. ¿Quedamos a las seis en el parque de abajo?
-Sí-dijo él mirándome.
Sonreí, y me fui caminando.  Entonces pensé en Jack. Me llenó un sentimiento de impotencia, pero lo ignoré todo lo que pude. Aunque, fue peor, cuando en mitad de la calle le vi. Estaba sentado en un banco, y se reía con esa chica, con Eva. Hinchada de dolor y sintiéndome engañada, en vez de tirar por otro camino, pasé por ahí, delante suya, con la cabeza gacha, pero pisando fuerte. Él me miró y abrió mucho los ojos. Gritó mi nombre. Yo hice oídos sordos.

martes, 9 de noviembre de 2010

5. Sola

Peiné mis rubios cabellos sentada en una nube, y con cara de mala uva. No podía creer que hubieran cogido a Arya para cuidar del hijo del Señor. ¡Ni si quiera sabía cuidar de sí misma! Era una niñata despreocupada y torpe. Empecé a llorar de impotencia, rabia… y envidia.  Encima Gabriel también se había ido con ella, y me habían dejado sola con la tonta de Sol, la mejor amiga de la tonta de mi hermana.
-No llores, Satya, volverás a ver a tu hermana…
“Maldita ingenua”, pensé deseando clavarle las uñas.
-Es que la voy a echar mucho de menos-musité sacando convirtiéndome en al mejor actriz.
-La volverás a ver. Además a ambas nos van a destinar a la tierra. De todas maneras, puedes comunicarte con tu colgante, ¿n0?
-¿Con mi colgante?-exclamé cogiéndolo.
Una luna dorada y una estrella plateada. El símbolo que se le daba a todas las gemelas ángeles. Se nos consideraba un preciado regalo. Las leyendas decían que los gemelas juntas tenían más poder que un ejército de querubines. Se nos tenía en gran aprecio y consideración, como si fuéramos una bendición. Miré con desprecio la sombra de mi colgante sobre las nubes. En cuanto empecé a odiar a mi hermana, el colgante había perdido todo su poder, y se había convertido en una inútil pieza redonda de plata.
-Claro, Sol, no lo había pensado-dije molesta.
-Sí que es yo soy… ¿qué haríais sin mí?-exclamó ella sonriendo.
-Me moriría-dije con toda la ironía que una frase podía contener.
Fue un alivio que la chica fuera algo tonta, y no captó el tono burlón con el que se había tornado mi voz. Seguí peinando mis cabellos, mirándome en el espejo del charco de mis lágrimas.
-Creo que ya es hora de que nos vayamos. Van a designarnos un humano.
-Voy a quedarme aquí un rato…-dije con un suspiro.
Ella se encogió de hombros y desapareció volando. Yo me bajé con dificultad de la nube e hice un círculo en el charco de lágrimas con la punta de mi dedo. En las lágrimas surgió una imagen. Era una calle, y dos personas cogidas de la mano. Introduje más el dedo en el charco, y la imagen de amplió. Mi hermana agarraba la mano del hijo del Señor. Mis ojos se desorbitaron de furia. ¿Qué pasaba con ella? ¿Es que encima iba hasta a enamorar al pobre chico? Hice rechinar los dientes. Entonces oí una voz grave.  “Por favor, Satya del Círculo Celestial, ven a la sala de la bajada” Musité una maldición, muy mal vista en el cielo, y seguí mirando en el charco. La siguiente imagen que apareció fue la del hijo del señor arropando a Arya. Con una mano borré la imagen y eché a volar en dirección a la voz. No podía evitar sentirme irritada, enfadada… y sola. Pero ella no lo estaba, y la envidiaba tanto… ¿por qué me había dejado sola? Aunque la odiase… la quería a la vez. En ese momento juré que mi hermana… se convertiría en un ángel caído, y sería expulsada del cielo. Y para conseguirlo haría lo que fuera.

Mis dibujos; Arya y Satya

lunes, 8 de noviembre de 2010

4. Amistad


-¿Qué tal te ha ido?-le pregunté cuando entró.
-Fatal. Las humanas no dejaban de mirarme y me han perseguido todo el tiempo. Encima ya me han puesto exámenes, y cuando le he preguntado que qué eran, la profesora se ha reído en mi cara.
-Se supone que eso deberías haberlo aprendido en el cielo-le regañé.
-Mira que eres mandona, te pareces al Superior Rafael.
-Bueno, venga, que ya he hecho la comida…
Vivíamos en un piso, en la calle Amatista, portal 3, piso… sin número. ¿Qué por qué un piso así? Porque no existe. Lo creó el superior para que viviéramos en él. Es el piso entre el 7 y el 8. Está en un intervalo espacio temporal. Algo complicado de entender. Cuando salíamos del piso acabábamos directamente en el portal. Para entrar metíamos nuestra llave especial, y aparecíamos en el piso. Guay, ¿eh? Por la mañana, mientras Jack estaba en el colegio, me dediqué a observar la ciudad y los comportamientos de los humanos. Eran gente extraña, pero tal como la describían esos viejos libros de la academia. Me compré un libro de cocina con algo de dinero que me dejó Gabriel para mantenernos los dos, y por la mañana empecé a cocinar. Yo nunca había comido; pues como ángel, no necesitaba comer, prescindía de esa necesidad humana. Gabriel también estaba incómodo por ello. Y también molesto por tener que comer migas, que no le llenaban lo suficiente y tenía que tener mucha paciencia.
-¿La comida? ¿Esa es la solución a este dolor que siento en el estómago?
-Creo que sí-le respondí con una sonrisa.
-Hoy estás más dulce y cariñosa que ayer-observó mientras se sentaba en la mesa.
-Será que estoy de mejor humor-dije con un suspiro.
“Umm, no sé si esto será comestible, pero huele bien”, pensé.
-Sí, pero tienen un color… y están muy delgaditos…-dijo Jack dándole vueltas a los fideos en el plato.
-Tengo que encontrar una manera de poner una barrera en mi mente.-me quejé mientras bebía algo de agua.
-Y yo en la mía-dijo él burlón.
-Sí, pero yo soy educada y no escucho nada de lo que piensas al contrario que tú.
Cuando terminé recogí los platos y me dispuse a lavarlos. Esto era una tarea humana bastante  desagradable. Además de que eran algo más frágiles de lo que pensaba, y se rompió uno. Estiré el dedo, y dándole un giro los trozos rotos se juntaron.
-Bien, parece que aún puedo usar mi poder.-dije sonriendo.
-Yo puedo hacer milagros-presumió Jack.- ¿Qué puedes hacer tú contra eso?
-Olvidas que soy tu ángel protector y tu “profesora”. Puedo mandarte muchos deberes si quiero.
-Hoy he aprendido que las palabras deberes y estudiar, están malditas.
Solté una carcajada y me apresuré a abrir el libro de cómo convertirse en Dios.  Pasé las hojas con interés, y de repente me di cuenta de que el resto del libro estaba en blanco. Lo agité con impaciencia, como si esperara que las letras cayeran de las páginas.
-No te esfuerces-comentó Gabriel volando hacia mi hombro-hasta que Jack no aprenda la primera lección, no aparecerá la segunda lección.
Suspiré. Era un libro curioso.
-Vamos a estudiar pues-dije con cansancio.
Jack se sentó en frente de mí en la cama y empecé a leer el título de la lección.
-Amistad: vínculo de afecto y cariño entre dos personas-leí.
-¿Cómo nosotros?-preguntó interrumpiéndome Jack.
-Supongo…-dije dudosa. -Ejercicio; encuentra a una persona y haz muestra de este sentimiento.
Jack se me quedó mirando pensativo.
-¿Quieres que salga a la calle a buscar a alguien? ¿No vales tú?
-Yo misma, no tenemos por qué salir.
De repente me encontré con otro dilema. ¿Cómo podíamos expresar ese sentimiento? Empecé a enfadarme. ¿Era su profesora y no era capaz de resolver ni los ejercicios del libro?
-Bueno, supongo que la amistad… es un sentimiento en el que dos o más personas se aceptan y colaboran juntos para alargar esa relación.-dijo Jack algo inseguro.
-Sí-dije consiguiendo hacerme sacar una sonrisa.
Entonces la frase del ejercicio de iluminó, como si de alguna manera, se hubiera completado.
-Desde el principio pensé que serías un alumno difícil, pero puede que las apariencias engañen…-dije sonriendo con felicidad.
Él me respondió con una bella sonrisa. Entonces sentí un cosquilleo en el estómago que no supe interpretar, pero que me hizo sentir desdichada y triste, y a la vez enérgica y alegre. Borré mi sonrisa y fijé la vista en la colcha.
-Pasemos a la siguiente página…-dije.
Leí un texto sobre el compañerismo y contestó oralmente los ejercicios. Cuando llegamos a la última hoja, en el último ejercicio, había una estrella de ocho puntas dibujada, y ponía:
41) Conoce a alguien y establece una relación de principios de amistad con esa persona.
Nos quedamos parados, releyendo la frase.
-Tienes que conocer a alguien.-dije absorta.
-¿Tengo que salir?
-Iré contigo, pero lejos de ti. Tienes  que hacer esto solo. Ve. Sabes que te protegeré y no dejaré que te pase nada-le prometí.
Jack se levantó y salí con él. En la calle ya había empezado a refrescar, y podía ver a la gente pasar, sumergida en sus gruesos abrigos y bufandas. Cogí la mano de Jack, y fuimos agarrados, mientras caminábamos. Su mano estaba cálida. En el fondo me sentí bien y afortunada. De repente me acordé de que podía leer mis pensamientos.
“Tu mano también es cálida, y tus ojos, acogedores”, pensó él.
El mismo cosquilleo me recorrió desde la punta de los pies hasta el corazón. Se la apreté fuerte.
“Mi señor”, pensé con respeto.
“Arya”, pensó él.
De repente pensé que él no me llamaba como llamaría a su profesora, sino como a su compañera, como su ángel. En vez de ser una Aritmi por elección, era simplemente su ángel. Sonreí con calidez.
Llegamos hasta una especie de parque solitario. Entonces vi a una chica columpiarse sola. Parecía que lloraba. Un sentimiento de dolor y de tristeza deambulaba en el aire. Nunca lo había sentido, y por ello me sorprendí. Le sonreí a Jack y le animé con la mirada. Él me soltó forzosamente la mano.
-Estas criaturas me dan miedo. Unas diez mil chicas como ésa me han perseguido esta mañana…-se quejó en susurros.
-Vamos-dije ignorándole.-tú puedes, mi señor.
Me puse la mano tras las orejas, y de repente empecé a oír más alto de lo normal. Sonreí. Mi aura de ángel estaba traspasando los límites, y ahora estaba alrededor de Jack. Me sentía como a su lado. Aún cerrando los ojos era capaz de ver a Jack y a aquella chica. Ella era muy bonita. Su pelo era envidiablemente rubio, como una vez había sido el mío. Sus ojos eran verdes, y no dejaban de derramar números y cristalinas lágrimas; que caían por sus mejillas en un enrevesado recorrido.
-¿Qué te pasa?- le preguntó Jack.
Ella alzó la cabeza y le miró confundida.
-¿Quién eres tú?
-Me llamo Jack,  y dentro de nada seré Dios.-dijo tan tranquilo.
Maldecí. ¿Qué narices estaba diciendo? Me iban a quitar el puesto si seguía abriendo la boca. “¡Idiota, no lo digas!”, pensé. El miró hacia atrás mordiéndose el labio. Me había escuchado; bien.
-Ja, ja, eso es una tontería, no puedes convertirte en Dios.-dijo riéndose y secándose las lágrimas ella.
Suspiré. Había sido un milagro que se lo hubiera tomado a broma.
-Es que quería hacerte reír-se excusó él.-pero lo de que me llamo Jack es verdad.-bueno, ¿te pasa algo?
-Pues…-musitó ella dudosa-es una cosa familiar.
Jack observó la barrera intensa que se había formado en su corazón y se mordió el labio. Iba a ser difícil. Se sentó en el columpio de al lado.
-¿Sabes? Yo ahora estoy viviendo con mi prima. Mi padre me echó de casa porque no estudiaba.-empezó a decir.
“Ten cuidado, no sea que te vaya a caer un rayo del cielo”, le avisé riéndome.
-¿Estás enfadado con él?
-No-dijo Jack columpiándose en el columpio de al lado.-sé que tiene razón, y por eso intento esforzarme cuando estudio con mi prima.
-Yo… me acabo de enfadar con mi padre. No le agrada que salga con un chico pero a mí sí.-dijo ella mirando hacia el suelo-a mí me gusta él, pero voy a tener que dejarlo.
-Yo creo que si tu padre te prohíbe estar con él, será para que estés bien, ¿no?
Ella se quedó callada y se levantó la manga. Tenía un moratón en el brazo, del tamaño de una goma de borrar. Jack se quedó helado.
-Puede ser…-dijo ella triste.
-¿Ese chico te pega?-preguntó él escandalizado.
-Alguna que otra vez.-comentó ella-pero es que le quiero…
Empezó a llorar. Jack no sabía que hacer. Entonces se puso de rodillas encima de la arena y se puso a hacer un castillo. La chica dejó de llorar y miró sorprendida, como en unos minutos, Jack hacía aparecer un castillo de arena entre sus manos.
-Vaya que bien te ha salido-dijo ella.
-Me saldría mejor si me ayudaras a hacerlo.-dijo Jack sonriendo.
Ella se agachó y empezó a formar una torre de arena a su lado. La torre se veía débil, como si el mínimo soplo de aire la pudiera hacer caer.
-Tú eres esa torre-dijo Jack haciendo una segunda torre-esta es tu padre. El castillo es él.
-No entiendo qué quieres decir-dijo ella.
-Mira-susurró él.
Con un dedo atravesó el castillo, el cual se cayó débilmente. Luego atravesó las torres, pero ninguna de ellas se cayó. Jack las juntó, he hizo una gran torre, que llegaba a pasar la altura del castillo. Ella miró el panorama un instante y luego sonrió.
-Gracias…Jack-dijo ella-sé que en fondo no es bueno para mí.
Jack sonrió y ella le abrazó.
-¿Cómo te llamas?
-Eva.
Eva se separó de él y sonrió feliz.
-Creo que iré a disculparme con mi padre, y mañana dejaré a mi novio-le anunció decidida.
-Yo te acompañaré con el corazón.
Ella sonrió y juntos convirtieron la torre en un gran castillo. Yo estuve observando, y me entraron ganas de llorar. Pero a la vez, seguía sintiendo ese cosquilleo que me dolía y satisfacía al mismo tiempo, y no podía evitar mirar de mala manera a la tal Eva. Cuando Jack volvió a mi lado yo le sonreí.
-Creo que lo has conseguido-dije mientras le mostraba  el ejercicio brillar.
Cuando pasé las páginas descubrí el segundo capítulo. Compañerismo. Sorprendida observé que los títulos de cada texto brillaban, como si ya se hubieran completado. “Soledad…compartir…cariño…” Sonreí feliz y le abracé.
-Hoy has aprendido mucho-dije satisfecha.
-Gracias, Arya-dijo él con una sonrisa como respuesta.
Juntos caminamos de la mano, por la calle, habiendo completado ya, una parte del camino, dos pasos, dos huellas…marcadas en la arena.