martes, 2 de noviembre de 2010

2.Quién nunca imaginé

Me sentí una mota insignificante en aquella sala. Era inmensamente grande. Tenía una forma circular, y había filas y filas de asientos ocupados por ángeles, arcángeles y principados. Había una enorme cúpula de cristal que mostraba el hermoso y brillante cielo azul en todo su esplendor. Rayos de luz cruzaban el lugar, iluminando cada rincón. Observé maravillada, un altar rodeado de flores y un trono dorado. Estaba ocupado por un muchacho joven que miraba con cara de aburrimiento a la gran población del cielo. ¿Podría ser él el hijo de Dios? Me era prohibido dudarlo, y aún así… Caminé y me senté en el asiento más cercano. Satya se sentó a mi derecha, y a mi izquierda se acomodó Gabriel.
-Preferiría que el hijo de Dios fuera una chica-comentó.
-¡Gabriel!-le reñí-¿cómo dices esas cosas?
-Ah, no sé-dijo él mirándome-como tú no estás disponible…
Enrojecí.
-Para ti ni de broma rompe-corazones-espeté.
-No sé cuando hablará el Superior Rafael.-comentó Satya interrumpiendo nuestra pelea.-pero esto promete para horas y horas.
-Cuando terminen de examinarse los últimos, empezará.
-Ah, bueno, entonces…-suspiré-esto va para rato.

Estuvimos charlando, riéndonos… por algún motivo, mi gemela miraba hacia la cúpula con la mirada perdida. Prefería no molestarla, pues en algunas ocasiones tenía la sensación de que me detestaba.
-Queridos presentes-una voz me despertó.
El querubín Rafael, nuestro superior había empezado a hablar. El muchacho seguía con su cara de aburrido sentado en el trono. Debía de admitir que a pesar de parecer muy “pasota”, característica de los jóvenes humanos, era hermoso. Su pelo rubio caía en débiles rizos y tenía los ojos del color de la caoba.  Llevaba una túnica blanca y dorada, que brillaba tanto como los mismísimos rayos del sol. Me descubrí abobada ante la gloria del hijo del Señor. El querubín seguía hablando y hablando. Entonces su últimas palabras me desconcertaron y me hicieron volver bruscamente a la realidad.
-La elección del Señor me ha sorprendido, pues se trata de un ángel del que nunca imaginé,  sin embargo; es la decisión del Señor, por lo que no tengo nada que objetar. El nombre del próximo Aritmi será…
Los ángeles se miraron esperanzados. Los arcángeles y los principados se quejaban molestos y enfadados. Un simple ángel iba a ser el protector del Hijo de Dios.
-Arya.
Todos los ángeles, arcángeles y principados se giraron para mirarme. Me quedé extasiada. ¿Yo? ¿Un torpe y estúpido ángel como yo? Miré a mi hermana. Ella tenía la vista fija en el suelo. Parecía furiosa. Como si no se lo creyera. Me levanté roja de la vergüenza, y crucé las gradas con un torpe aleteo. Llegué hasta el altar, donde me presenté delante del Superior Rafael. Él me miró poco convencido, y dejó en mi cabeza una corona verde de flores blancas. Me hizo girar hacia el hijo de Dios, y yo me incliné avergonzada.  El querubín me pidió el cetro, y yo se lo di. Parecía que me estaba echando del cielo. Abandonamos el círculo celestial, y recorrimos un camino de nubes. Las paredes eran de cristal y podía ver a los pequeños ángeles aprendiendo a volar y haciendo recados de un lado a otro. El querubín caminaba al lado del hijo de Dios, que caminaba lentamente, como si no quisiera llegar a su destino. Cuando llegamos me ruboricé. Estábamos en los aposentos del señor. Tímidamente me quedé en la puerta. Con curiosidad observé  las flores que inundaban la habitación con una dulce fragancia. En el aire flotaban hojas de papel, que hacían un recorrido hasta un cajón abierto, dónde se guardaban solas.
-Bienvenida seas,  pequeña Aritmi-saludó el Señor.
-Gracias, Señor-dije inclinándome.
No podía verle, era como una nube blanca y pura, como una fragancia dulce y embriagadora, como una luz intensa y cegadora.  No podía verle, pero podía sentir como me sonreía y me acogía.
-Espero que seas capa de cuidar y enseñar las costumbres de los humanos a mi hijo, pequeña Arya.
Tenía ganas de preguntarle por qué había escogido a un ángel tan inútil como yo, pero me contuve. Ya era un honor para un ángel estar ante su presencia.
-Ya lo sabrás-susurró de repente.
Me quedé estupefacta.
-Cerrad los ojos.
Vi como su hijo los cerraba. Parecía un príncipe. Cerré los ojos yo también, y me dejé acariciar por una suave sensación de vértigo. De repente sentí un viento muy fuerte, y me golpeé la espalda con algo que parecía una nube bastante dura.
-¡Ay!-exclamé.
Me asusté. No era mi voz.  No era mi voz dulce, clara y cantarina, sino una voz femenina y algo más grave.  Me miré las manos. Ya no eran tan blancas. Eran un pelín morenas. Luego observé dónde estaba. Era una habitación con poca claridad. Estaba tumbada en una cama. Observé asustada que el techo estaba muy cerca. Bajé por una escalera hasta el suelo. Parecía una litera. De repente vi a un chico de ojos azules y pelo rubio oscuro. Levantó la mano y yo retrocedí asustada.
-Hola, Aritmi.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Contenta y Feliz

Por fin tengo 40 seguis en el Diario de Baby y 24 en Te Quiero. Ah, y 7 en el otro. Y cuando me he conectado e visto mogollón de comentsss asi que estoy feliz. Mañana publico el 2ª capi esssQ esty de exámenes y va un poco difícil la cosa. Bueno, estoy súper feliz, hoy no e podido meter en ningún blog, pero en cuanto pueda me meteré en los que me habéis puesto ok???Besos a todas, okm.

Bss...

Baby

viernes, 29 de octubre de 2010

1. La envidia de mi gemela

Mi hermana salió de la habitación con una sonrisa resplandeciente. Seguramente había pasado la prueba y ya sería candidata a ser el ángel del Hijo de Dios.  Oculté alegremente mi envidia mientras se ponía a mi lado.
-¡He pasado!-me anunció ahogándome en un abrazo-me dijeron que iba sobrada para ser Aritmi.
-Que suerte-dije observando su cara, idéntica a la mía.
Dijeron el nombre de Gabriel, que entró tras dirigirme un guiño. Sentí mi corazón latir muy rápido. Cuando él terminara de hacer la prueba, me tocaría a mí. Yo me sentía muy insegura, en cambio, mi hermana ya estaba flotando en las nubes. Sí, ella podría sentarse al lado de arcángeles y principados. Podría provocar envidia a las potestades de la puerta al Cielo, y bajar con soltura y elegancia hacia la Tierra, dónde conocería a su protegido, sino era elegida como Aritmi. Sí, ser elegida como tal sería…lo más increíble que podría pasarle a un ángel. Aritmi era el nombre que recibían los ángeles elegidos para proteger al hijo del Señor durante su periodo de aprendizaje en la Tierra. Yo, un simple y torpe ángel, no sería nombrada ni por asomo por el Superior Rafael. Sería repudiada, cómo no, al más bajo puesto. Mis superiores se alejarían de mí. ¿Quién dijo que los ángeles eran los seres más puros? En el fondo eran como los humanos. Egoístas, engreídos… Pero sin embargo, nos habían hecho pasar casi toda nuestra vida aprendiendo las costumbres, los sentimientos, las vivencias y la naturaleza de la raza humana. Suspiré. Vi como Gabriel salía con la cabeza agachada. Habían vuelto a rechazarle, seguro.
-¿Te han echado para atrás?-pregunté levantándome del banco de nube.
-No, pero me han dicho que he pasado por los pelos.-dijo sonriendo.
-Bueno, pues es mi turno-dije suspirando.
Crucé la sala volando con mis grandes y esplendorosas alas blancas. La Superiora Azucena me dedicó una cara de duda. Eso no me ayudó mucho, si os soy sincera.  Pasé a la sala decisiva, el lugar dónde las decisiones eran tomadas, dónde un ángel se jugaba todo, sus estudios… toda su vida. Era el momento para saber si todo había salido bien… o había sido en vano.
-Arya.
-Sí-dije compungida.


-¿Crees qué estará bien?-preguntó Gabriel.
-Ni lo sé ni me importa-dijo Satya mientras miraba hacia un arcángel que apuntaba los nombres de los aprobados.
-No sé por qué odias tanto a tu hermana-dijo Gabriel.
-En el fondo yo tampoco lo entiendo. Los humanos lo llaman “envidia”.
-¿Envidias a tu hermana?
-Siempre consigue hacerlo todo a pesar de ser tan tonta. No la aguanto. Ojalá no pase. Es obvio que la próxima Aritmi seré yo.
-O yo.-dijo Gabriel.
-No digas tonterías-dijo ella poniéndose el pelo detrás de la oreja.-Has tenido suerte de pasar al Círculo Celestial.
-Mira, ya sale. Sonríe. ¡Ha pasado!-exclamó Gabriel.
-¡He pasado!-dije con extasiada.-Los Superiores me han alabado. La torpeza no me ha ganado en ningún instante. ¡Y mirad mi cetro! ¿A qué es chulísimo?
-Brilla mucho. Pero el mío más-observó Satya.
-Podremos formar parte del Círculo Celestial, juntas-dije feliz, mientras abrazaba a mi gemela.
-Eso me llena de felicidad-dijo ella.
Me adelanté y pasé a la sala del Círculo. Esta súper emocionada. Iba a ser candidata a ser el ángel del hijo de Dios… la idea se me hacía grande y maravillosa. Me sentaría al lado de Arcángeles y Principados. Observaría al Superior, al Querubín Ismael pronunciar el nombre del elegido o elegida. Del Aritmi.

-Vaya, pues ha pasado a la primera-observó Gabriel chinchando a Satya.
-Cállate, inútil-respondió molesta.
-Satya, si no te andas con cuidado, pues acabar como Saúl.-dijo muy serio él.
-¿Cómo un ángel caído?-preguntó  incrédula ella-¿Cómo un demonio?-susurró más bajo.
-¡No digas esa palabra!-la riñó él mirando hacia los lados.
-Jamás me sucederá.-dijo ella ignorándole-Por ahora no he desobedecido a Dios.
-La envidia te reconcome-la acusó.-eres como una humana.
-Cállate-dijo cansada ella, apartándole y entrando en la sala del círculo.
En el fondo era verdad. Odiaba y envidiaba a su gemela. Pero era sentimientos que no podía controlar, a pesar de ser un ángel.

Resumen de Pétalos de Luz

Lune y Yo Misma  me pideron que hiciera un resumen de Pétalos de Luz. Pues, ahí va:

Selena es una chica soñadora, de salud inestable. Perdió a su madre, una actriz americana cosechadora de multitud de éxitos. Tras tres meses de tristeza, le llega otra terrible noticia; su padre ha encontrado trabajo en Nueva York, y tiene que irse. La parte buena, es que acaba viviendo por medio año en la casa de su príncipe azul, de su amor platónico, Miguel. Pero resulta que él es todo lo opuesto a lo imaginado, y trata de odiarle y detestarle como sea. Encuentra de nuevo a su primer amor, Luis, que despierta celos en Miguel, la fijación de Selena. Ella se lanza a un casting, y consigue el papel principal. Con ello, logra ser una actriz conocida. Pero no todo en su vida es la fama. Luis la engaña con su mejor amiga, Alicia, y eso la devuelve a su tristeza inicial, pero Miguel, que se enamora de ella, la consuela, y así Selena rompe su promesa de odiarle hasta el final. Todo el feliz, hasta que el medio año pasa, y su padre vuelve. Ha encontrado una nueva mujer, y se lleva a Selena a Nueva York, alejándola que todo lo que más quiere. Con el paso de los años, Selena y Miguel se casan, y forman un familia.

XD. No soy buena con los resúmenes. Pronto publicaré un resumen sobre "Te Quiero", la siguiente historia que escribiré. Mirad, ya he puesto el header nuevo, lo he hecho yo. ¿Cómo pensáis que me ha quedado??? Besos,

Baby.

jueves, 28 de octubre de 2010

Epílogo

Caminaba del brazo de mi padre. Podía oír cada paso tras mí, como un sonido, un leve recuerdo que queda atrás.  El velo me impedía ver mucho, pero ni una pared de piedra podía evitar que sonriera al ver la figura del amor de mi vida. Llegué al altar y él extendió su mano. Iba a cogerla cuando…

Desperté. Sentí una extraña angustia en el corazón y palpé en las sábanas. Ahí estaba. Él me agarró de la mano y me la estrechó dándome la calidez que necesitaba.
-¿Estás bien, cariño?
-Sí, no ha sido nada. Es solo que he tenido un sueño.-dije incorporándome en la cama.
-¿Sobre qué?
-Sobre un chico del que estuve perdidamente enamorada.
-Si me cuentas eso me pondré celoso-dijo él riéndose.
-Lo dudo.-dije abrazándole.-era el día de mi boda. Y estaba allí, en el altar.
-Si no recuerdo mal, yo estuve en ese lugar-me comentó él.
-Nunca podré olvidarle-dije ignorándole.-fue la persona más importante de mi vida. Y lo es.
-Tú también lo eres para mí-dijo besándome Miguel-después de Charlotte.
-Idiota…-dije riéndome.
-Va a ser mejor que te des prisa. No quiero que Charlie llegue tarde al colegio.-dijo levantándose de la cama.-y tú tienes planes, ¿no?
-¿Y tú qué? ¿No tenías hoy el día libre? Puedo aplazar mis planes con la discográfica y podemos ir a visitar a Ángel y a Celia.
-¿Crees que la discográfica aguantará los caprichos de una actriz adinerada y famosa como tú?
-Creo que una puede pasar-dije convencida.
Entonces la puerta chirrió, y una niña de cinco años asomó la cabeza. Tenía largos rizos y tirabuzones de color castaño miel, y los ojos verdes y saltones. Sonrió.
-Mamá. ¿Es la hora del cole?-preguntó andando hasta al cama.
-Ya voy, cariño. El uniforme lo tienes en tu cama-dije dándole un beso.
Miguel me sonrió, y dándome un breve beso salió de la habitación.
Sí. Ahora vivía en Nueva York, con mi marido Miguel y mi hija, Charlotte. Mi padre la tiene muy mimada, aunque en el colegio está en el anonimato que es mi hija. Aunque sé que cuando se haga mayor tendremos que ponerle un tutor para ella sola. Sí, mi padre se casó con Louise, y sí, llegué a quererla a pesar de haberme prometido no hacerlo. Ángel conoció a Celia, mi sustituta en la serie, y bueno, con el paso de los años se casaron. Alicia y Luis, duraron poco. Alicia nunca se perdonó haberme traicionado, y acabó rompiendo con él. Actualmente vive en Madrid, está casada y tiene mellizas. ¿Y Luis? Volvió a Londres. No se supo nada de él. Sigo manteniendo relación con Alicia, nos mandamos cartas e e-mails. ¿Qué cómo me llegué a casar con Miguel? Cuando cumplió los dieciocho vino a buscarme, y cuando me encontró, nos casamos. Sí, una locura, casarse a los dieciocho, lo sé. Pero a mi padre y a Louise le pareció bien, y los padres de Miguel no tuvieron nada que objetar. Nos casamos, y a los tres años, tuvimos a Charlotte. Y aquí estoy, cada día más cerca de los treinta años, integrada en el mundo del cine y la música.  Mi salud acabó mejorando, y casi no tengo ataques de ansiedad, ¡lo cual me alegra bastante! Carol se convirtió en actriz de éxito en España, y ahora mismo está en Los Ángeles tras su última película, con su primo Ángel. ¿Qué si estoy satisfecha con mi vida? Sí, conseguí lo que siempre quise y deseé. Miguel. Empecé soñando con él, y… mi sueño se hizo realidad. Pocas veces los sueños se realizan.  Pero, claro, pocas veces se persiguen los sueños como hice yo.