CAPÍTULO 6
Cuando llegué a clase, el grupo de las chicas de mi clase estaba rodeando el pupitre de Irene que lloraba sin consuelo.
-Idiota…-gemía entre dientes.
-No la hagas caso, él se lo pierde.-le decía una.
-Eso. Un bombón como tú… los chicos se caen a tus pies. ¿Para qué quieres a ése?
-Yo lo quiero a él…
No pude evitar reírme interiormente con maldad. En el fondo no me daba ninguna pena. Muy, muy en el fondo, casi me sentía agradecida de que Alonso hubiera sentado la cabeza. O eso quería creer. Por lo menos tenía a uno menos en la lista negra. Ya sólo quedaba Irene allí.
Observé como Alonso entrada resuelto en clase, como tal cosa. Se le veía feliz y a la vez desprendía un halo de tristeza. Cuando miró a Irene, ésta giró la cabeza indignada, mientras se tragaba las lágrimas. Pasó a mi lado y me sonrió. Irene observó confusa y en silencio.
-Hola, Ronnie. ¿Qué tal?-me preguntó amistosamente.
-Bien-dije algo extrañada.- será mejor que te sientes, va a empezar la clase.
Él asintió e hizo un gesto poniendo la mano en su cabeza y moviéndola, como diciendo “a sus órdenes capitán”. Irene lo miró desde mi sitio hasta su pupitre y luego me señaló con ojos amenazante. A continuación escondió la cara y volvió a ponerse a llorar. Alonso se giró en su asiento y me sonrió. No pude evitar responderle. Me estaba dando las gracias.
Me sentía algo extraña. Jamás pensé que podría a llegar a compartir un saludo si quiera con Alonso. Pero a pesar de todo, sentía algo de felicidad. Me acaricié la barbilla confusa. Desde que Greg y Casandra entraron en mi vida, las cosas habían cambiado drásticamente. Había conocido a la extravagante Julia, la novia de Greg, casi me había amistado con el enemigo (Alonso) sólo faltaba que Irene se volviera loca e ingresara en un psiquiátrico. Pasé las clases pensando en chistes internos que sólo se me ocurrían a mí, y que claro, solo compartiría conmigo misma.
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-Tú- Irene me empujó contra una pared y yo traté de incorporarme dolorida.- ¿cómo es posible que una zorra como tú me haya quitado a mi Alonso? Una zorra hortera y fea como tú.
No respondí. Me limité a limpiarme la sangre me había salido de la boca después de que una de sus perritas me abofeteara. Ese sabor desagradable que tenía me hacía dar arcadas y me recordaba que hace nada las había tenido por un motivo bastante diferente.
-Aunque te cueste creerlo-empecé- yo no te he quitado a tu Alonso.
-¿Y qué hay de esa complicidad de esta mañana?-chilló con voz de rata- antes ni si quiera te miraba. Él mismo me confesó que no os llevabais demasiado bien. ¿Y hoy de repente de saluda y te sonríe? ¿De qué guindo te crees que me he caído?
-¿Y a mí me lo preguntas?
Paf. Otra bofetada. Tenía la mejilla encendida, pero seguía mirando hacia delante, seria y fuerte. Y eso las asustaba.gur
-¿Entonces quién ha sido la zorra?
-¿Por qué no se lo preguntas a él?-respondí preguntando.
Irene me cogió de la camiseta y me levantó con la poca fuerza de sus delgaduchos brazos y con la débil estabilidad de sus enclenques piernas, moldeadas con la intención de una figura perfecta.
-Mira niñata, o me lo sueltas ya, o te dejo moribunda…
-¿Qué demonios hacéis? ¿Qué queréis, que os parta la cara?
Levanté la vista y la desvié avergonzada. Alonso avanzó y apartó a su ex novia de un empujón. Después me sujetó entre sus brazos y me miró mientras se mordía el labio.
-Como nos larguéis ahora mismo yo sí que os voy a dejar moribundas-las amenazó- y a ti, Irene, no quiero volver a ver tu asquerosa cara. Rompimos. Se acabó. No importa quién fuera la otra. Ronnie no es. Pero no me importaría que lo fuera que lo sepas. Por lo menos es mejor persona que tú.
Irene se tapó la cara y comenzó a llorar. Sus amigas tiraron de ella y se fueron de allí. Sonreí. Unas pocas palabras de su boca podían hacerla correr despavoridas. Y unas mías para ganarme tortas. Escupí un poco de sangre mientras tosía.
-¿Estás bien?-me preguntó preocupado.
-Más o menos.-dije con un deje de amargura.
-Lo siento de veras. No era mi intención que pasara esto.-dijo rascándose la cabeza.- si quieres te llevo a mi casa y te curo…
-No te preocupes-dije- no quiero que tengas problemas con tus padres o con tu novia. Mejor me voy a casa y me curo allí. Creo que hoy no están mis padres.
-Bueno… lo siento de nuevo.-murmuró.
Me limpié el polvo de las rodillas y me iba a girar, cuando él habló de nuevo. Le miré durante unos minutos.
-¿Amigos?-me preguntó.
El viento que apareció en ese instante me hizo sentir como en la escena final de una película en la que la decisión de la protagonista define si la película fue bonita o una vulgar imitación de una realidad incierta.
-Amigos.