viernes, 8 de julio de 2011

Epílogo

Entrañable recuerdo ahogado en espinas. Interesantes palabras que carecen de sentido. Por lo menos para mí… ahora.  Releo y releo esa frase, pero no logro encontrarle el sentido. ¿De qué sirve amar, si solo crea malos recuerdos? Que te atormentan… toda la vida. ¿De qué sirve sentir…? Si al final, todo es una vulgar mentira. El nítido recuerdo de un beso, que te rompe por dentro, al escuchar esas palabras, que rompen todo… como si nunca hubiera existido nada.
Capítulo 1 de Loving Ignorance.

 Pero de repente... se enciende una luz... que te abre los ojos y te enseña la verdad más clara y profunda que jamás hayas visto. La luz de la esperanza. Un latido, una razón... una única razón por la que arriesgarlo todo. Él.

Epílogo

23. Después

-¿Entonces?
-Sí.
-¡Sí! Es decir… ¿Sí? Oh, Dios mío, ¡sí!
Me cogió a volandas y luego, en medio del pasillo del hospital me besó con ternura y pasión. Yo transmitía alegría por cada poro de mi piel. Al principio había tenido miedo, pero luego… buf, su felicidad me llenaba a mí también.
Mi madre también estaba allí con Natasha agarrada a una pierna, junto a David, que tenía el ceño un poco fruncido. Con el tiempo se había convertido en un padre para mí, y a pesar de que también quería a Ismael como un hijo, todavía no había terminado de creerse que yo, estuviera embarazada. Aunque la verdad es que ya no era esa adolescente de catorce años. Ya tenía veinte casi veintiuno. Ismael y yo vivíamos juntos, y ya habíamos hecho de las nuestras.
-No voy a preguntar el motivo de que exista ese renacuajo.-dijo señalando mi barriga.
Yo miré a Ismael con picardía, pero luego me alegré de que no le hubiera llegado mi mirada. Ninguno de los dos podríamos habernos reprimido y nos habríamos echado a reír. Y es que nuestros primeros intentos de "hacer un hijo" había resultado algo desastrosos.  Bueno, empezaré a contar algunas cosas que no sabéis y que debería decir.

Al final me reconcilié con mi padre. Al fin y al cabo sus palabras eran verdad. Él no podía hacer nada. David y mi madre se casaron hace unos años, y ahora tengo una hermanita pequeña que está completamente enamorada de Mark. Me da un poco de envidia porque ahora he dejado de ser la peque para ser la mediana. Que le vamos a hacer, la pequeña Natasha me quitó el puesto…
Sam y Fernando se casaron hace poco también. ¿Qué cómo es posible? Yo tampoco me lo creí cuando me dijeron que estaban saliendo. Nos soltaron que se enamoraron después de conocerse, y como no eran capaces de sincerarse el uno con el otro, la cosa fue larga, pero luego… enamorados para siempre. La típica historia de amor en la que los protagonistas son unos cansinos.
Abril sigue siendo un alma libre. Se pasa la vida de rollo en rollo y es la que le da la vida a todas las fiestas. Tengo miedo de mi fiesta de soltera… últimamente anda un poco torpe,  y para mí, que se ha enamorado otra vez. No sé por qué me da que a esta chica lo de “a la tercera va la vencida” no le funciona... pero espero que esta vez sí que acierte. Ah, y lo que no os había contado, aparte de vivir juntos, Ismael y yo ¡estamos prometidos! Me encantaría relataros el momento mágico en el que me lo pidió, pero eso daría para largo, y ya han pasado mis tiempos de ponerme cursi, aunque en realidad, nunca los pasé…
Después de mi ataque y tras salir del hospital, me dejaron participar en la competición. Ismael y yo, campeones. Unos buenos tiempos. Claro, que ahora también lo son. Él está completamente dedicado al tenis, y piensa meterse en lo profesional. Y la verdad, lo está consiguiendo, no todo el mundo recibe una carta para que se anime a participar en un torneo del Roland Garros… y yo estoy estudiando para dibujante... ¡es coña! jajaj, ¿o es que no os acordáis de mi maravillosa Tierra cuadrada?
¿Y sabéis que es lo mejor? Que dentro de nada tendremos a un pequeño Ismaelito paseándose por aquí. ¡Sí, que os veo, no pongáis esa cara! Estoy deseando que llegue el momento para que salga ya y poder tenerlo entre mis brazos. Y es que después de que se confirmara la noticia, estaba aterrada… pero ahora me da cosilla… y … ummm.
¿Os acordáis de Victoria, mi hermanastra? Cada vez que la veo me manda unas miradas un tanto raras. Yo no sé si ella en realidad es así o eso de que de repente fuéramos hermanas la ha afectado psicológicamente. Tampoco es que mi importe mucho… el caso es que lo último que oí de ella es que estaba liada con un tal Enrique, aunque también oí no sé qué de una denuncia por chantaje emocional… ni idea.


-¿Vamos a casa?-me preguntó Ismael pasando un brazo por encima de mis hombros.
-Sí, estoy cansada-murmuré.
-Ahora voy a tener que preocuparme en serio por ti-me dijo- recibirás un trato especial, como una princesa.
-Tenerte a ti es lo mejor que le podría pasar a una pobre campesina como yo-dije.
-Bueno, ya, ¿no? Que hay niños delante-espetó Natasha.
La miré furtivamente. Para tener apenas seis años, le gustaba tocar las narices, como cualquier otro hermano menor. Cruzamos las puertas del hospital y los cinco continuamos andando por la acera de la calle.
-Qué pena-exclamó mi madre- falta Mark aquí. Aún me acuerdo cuando tú tenías estas peleas con él.
Sonreí recordando.
-Por ese entonces era una tonta ignorante-dije mientras una imagen de una yo más joven se reía junto a Abril mientras caminaba por la calle una tarde de verano, antes de empezar tercero de secundaria.
-Una ignorante del amor-concretó Ismael.-hasta que vino tu salvador, o sea yo…
-Total, no te echas tú flores ni nada-dije riéndome.
-Loving Ignorance-murmuró mi madre de repente absorta.
-Mamá, no empieces a hablar en inglés, que se te va la olla-la advertí.
-Es un buen título para un libro ¿no creéis?-preguntó mientras estaba con los ojos en otra parte, en su mundo de colorines.
-No digas tonterías-la riñó David- se supone que estás en tus vacaciones ahora. Deja los libros apartados por un momento…
-Loving Ignorance…-susurré yo en cambio- parece el título de mi vida.
-Sí, te viene al pelo-me dijo Ismael.
-Ja-ja-le espeté yo.
-Mi pequeña tontita-murmuró.
Y diciendo eso e ignorando a los demás me besó breve y suavemente. Yo le aparté haciendo el idiota y cogiéndole de la mano continué caminando. Porque sabía después de ese beso vendrían muchos más. Muchos, muchos más.

LOVING IGNORANCE.

FINAL.

Posdata: ¡Joder! Me ha dado pena hasta a mí acabar con esto xD. Os quiero:D



miércoles, 6 de julio de 2011

Una promesa de amor

Noté como hacía dibujos en mi mano, pero no abrí los ojos. Tenía miedo. Miedo a una mirada triste, a un adiós para siempre, a una sonrisa vacía. No quería ni escuchar ni ver, tampoco sentir. Pero cerrar los ojos y fingir seguir inconsciente no era una solución. A veces me odiaba y me preguntaba por qué. Estaba claro que nacer bajo un techo sólido era una suerte que merecía ser corrompida.
-Carla.
No pude evitar abrir los ojos lentamente. Sentía la urgente necesidad de verle, aunque sus facciones no mostraran felicidad. Su voz no era suficiente para mí. Apretó su mano sobre la mía cuando vio que le miraba fijamente. Sin previo aviso me abrazó, a pesar de los cables que salían de mis brazos.
-Idiota-me dijo- ¿por qué no me lo dijiste antes?
-No lo vi… necesario-murmuré.- no pensé en ello.
-¿No viste necesario decirme que tenías una enfermedad del corazón hereditaria?-estalló él separándose enfadado.
Posé la mirada en las sábanas y me mordí el labio. Sentí que se me salían las lágrimas de los ojos involuntariamente. Miles de dudas y de malos presentimientos me recorrieron en pocos segundos. Ahora vendría el adiós para siempre, el no podemos estar juntos, el seguiremos siendo amigos. Y después las tardes en casa encerrada, el no volveré a enamorarme y el no volver a creer en el amor. Noté la fuerza contenida en su mano aferrándose a la mía.
-No vuelvas a hacerme esto-murmuró él mientras me retenía entre sus brazos.
Lentamente enterré el rostro en su hombro mientras sollozaba con suaves y débiles gemidos. Él pasó las manos por mi pelo.
-Esto tengo que apuntarlo-oí murmurar.
Reí apartándome de Ismael. Mi madre miraba atenta la escena y escribía como loca apuntes en una libreta. A veces tenía la impresión de que mi madre no se preocupaba por mí, pero sabía de sobra que en realidad, sus reacciones eran una coraza ante el dolor, y bajo esa mirada concentrada en el papel, había un brillo de tristeza y preocupación.
-No me habías contado que tenías novio-me reprochó sin acercarse y dirigiéndome una mirada ceñuda.
-Yo sí lo sabía-dijo una voz burlona.
Observé como David empujaba a mi madre dentro de la habitación y cerraba la puerta. Ésta lo fulminó con la mirada un instante, pero luego se echó a sus brazos como una adolescente enamorada. Vamos, como yo.
-¿Y tú por qué lo sabías?-preguntó poniendo morros como una niña pequeña.
-Saltándose las primeras horas de clase, besos en el pasillo…-empezó a decir David-hay cosas que un profesor no puede evitar ver ni tapándose los ojos…
Ambos enrojecimos como tomates. ¡Sólo nos habíamos saltado las clases un par de veces!
-Perlo bueno… en general son mejores que otros que he visto-comentó nuestro profesor.
Le dirigí una sonrisa aliviada y agradecida por salvarnos en lo último. Aunque también había sido él el que había revelado nuestra vida delincuente en el instituto…
-Bueno, vamos a bajar a la cafetería-dijo mi madre- te quedamos aquí con tu amorcito…
-No seas mala, cariño…
Cerraron la puerta y nos dejaron en absoluto silencio.
-Ya no sé de qué estábamos hablando-dijo él sonriendo.
-Me habías dicho que no te volviera a hacer eso-le recordé volviendo a retirar la vista y reteniéndola en las sábanas.
-Es verdad… pues eso-dijo él rascándose la cabeza.- Y además…
Se inclinó un poco sobre mí y retrocedí involuntariamente. Noté como ponía una pierna encima de la cama y se colocaba encima de mí.
-Te quiero-murmuró besándome en la frente- siempre te querré. No habrá ser humano que nos separe. Y si algún día dejo de estar contigo… será porque tú lo hayas decidido.
Sonreí con lágrimas en los ojos y le acaricié suavemente una mejilla.
-Nunca… nunca haré eso-susurré levantando la cabeza para besarle.
Rocé un instante sus labios, pero él en seguida me atacó ferozmente y empezó a besarme con pasión. Por un momento tuve miedo de que explotara una de las máquinas que había a mi lado  debido a la rapidez extrema a la que iba mi corazón, que parecía querer saltar de mi pecho. Se separó de mí para respirar y yo le miré un segundo con una sonrisa burlona.
-¿Sabes que debajo de este camisón no llevo nada?-le dije.
-¿En serio?-me preguntó soltando una carcajada pícara- me pregunto si podré apartar la sábana e investigar un poco…
-Ismael…-repliqué con algo de enojo.
-Era una broma-se excusó besando lentamente mi cuello.
Pero sabía que no era así. Decidí no pensar en ello y dejarlo pasar.
-Además, no creo que sea el momento adecuado…-murmuró de repente- mejor te dejo tranquila, que no quiero que te de otro ataque…
-No te preocupes-dije aferrando mi mano a su camiseta y manteniéndolo en la cama- esto no sucede porque me… emocione y cosas así. Pasa de repente y  ya está.
-Porque te emociones…-exclamó riéndose a carcajada limpia.
-No has dejado de ser un idiota-farfullé empujándolo de la cama y cambiando de opinión.
-Desde luego-dijo él- de eso no te quepa duda.
Noté en su voz un deje de tristeza que preferí ignorar.
-Entonces, ¿vas a estar conmigo aunque algún día la casque por problemas del corazón?
-Sí-susurró él con una sonrisa.
-¿Aunque se me caiga el pelo y me salga un enorme grano en la nariz?
-Umm… entonces tendría que pensármelo.-dijo él mirándome de reojo.
-Idiota…
-Estaría contigo aunque se te cayera el pelo, te salieran mil granos en la cara, vinieras de Saturno y fueras una mutante. – Me miró con ternura y cogiendo aire prosiguió-Te querré aunque no me quieras, aunque me odies, aunque desees que desaparezca de la faz de la Tierra. Te amaré hasta que la muerte nos separe, con todo mi corazón, aunque miles de personas estén en contra. Te acompañaré y viviré contigo hasta el último de nuestros días, acompañados de los miles de hijos que quieras tener. Y te escucharé aunque me griten, me tapen los oídos, me quede sordo o deje de vivir, porque no hay nada en el mundo como escucharte recordarme lo idiota que soy, ver tus preciosos ojos, tu ceño fruncido y tu rebelde pelo color castaño. Porque te quiero, y el día en el que por fin vea en tus ojos que aceptas eso, yo…
-Gracias-susurré.
Me levanté de la cama ignorando sus ojos diciéndome que no lo hiciera y lo envolví entre mis brazos.
-¿Esta es tu promesa de amor?-pregunté.
-Algo así…
-Amm. ¿Entonces me toca a mí ahora?
Él no respondió.
-Te quiero. Simplemente eso. Todo lo que siento… se resume en eso.
-Entonces, ¿esto es un final? ¿El final de los problemas? ¿El final de todo?
-No, Ismael. Esto no es el final. Tan solo… es el principio.

Se acerca el final

Como todas las historias, Loving Ignorance está llegando a su final... lo siento pero es así. Y es que me he dado cuenta de que al principio le metía mucha chispa, pero la ha ido perdiendo. De todas formas, una nueva historia comenzará, ya lo veréis, y mucho mejor, claro. Y es que con cada historia mejoro un poco más, y así, poco a poco, se va abriendo mi camino como escritora xD.
La siguiente historia tratará de una chica, que vive con su padre. Siempre ha cuidado de él, desde que su madre un día, se fugó de casa. Estaba cansada de la protagonista, que de pequeña era una niña llorona. Pero desde entonces se ha prometido, no volver a llorar. Las cosas se complicarán, cuando aparezca la nueva mujer de su padre, la cual trae consigo, a su hijo, que será su hermanastro. ¿Podrá afrontar la prota la nueva situación? ¿conseguirá afrontar la realidad de los sentimientos que empezarán a surgir entre ellos? Y es que, aunque no sea por sangre, Ella y Él, no pueden estar juntos.
"Recuérdalo, sólo es tu hermanastro".
Ahora os dejo el siguiente capítulo, que será uno de los últimos. Un beso:D


Baby

21. El amor realmente duele

-Vamos… venga…-murmuré.- Bésame.
-Espera-musitó él apartándome.
Terminó de escribir unas notas en el pentagrama y mantuvo la vista fija en él. Luego la posó en mí absorto en sus pensamientos, mirándome y a la vez sin hacerlo.
-Ahora me besas, ¿no?
-Los besos no se piden así-me riñó saliendo de sus ensoñaciones.
Hacía tiempo que éramos amigos, pero yo aspiraba a algo más. Ahora que había encontrado a la persona más perfecta del mundo… no la iba a dejar escapar. Bastante me había costado hablar con un chico que tenía la fama del más callado de su curso. Le puse morros haber si colaba, pero en esas últimas semanas habíamos descubierto muchas cosas el uno del otro y sabía perfectamente que mi truco no iba a funcionar, ya de antemano. Él me miró un instante pero no me besó. Se levantó y se sentó en frente del piano, donde empezó a tocar. La melodía me embobó completamente. Hacía un efecto extraño en mí, como si me hipnotizara, como si cuando la escuchase, dejase de ser perfecta comparándome con ella. Cuando dejé de oír la música fruncí el ceño  y observé cómo se reía de mí.
-No voy a besarte Victoria.-me dijo poniéndose serio.
-¿Por qué?-pregunté entristeciéndome.
Esa frase me hacía daño. Dolor. Un intenso dolor, una punzada en el corazón. Aunque intentaba sonreír cada que la decía y seguía intentándolo una y otra vez.
-Porque no te quiero. No voy a besar a alguien que no quiero.
-Pero, ¿por qué? Yo sí te quiero.
-A eso se le llama relación “bilateral”.
-No me hables con palabras raras que no entiendo-musité con voz de niña pequeña.
Suspiró y se guardó las partituras en una carpeta. Se levantó y de quedó mirándome en la puerta del aula de música.
-Si no vienes te dejo sola.
-Si me dejas sola, me suicidaré.-le amenacé- pondré en un papel que fue culpa tuya y te pasarás el resto de tu vida en la cárcel. No me conformaré con eso, si no que vendré en forma de espíritu a atormentarte.
Él me clavó la mirada, pero luego se rió.
-Eres una melodramática y una chantajista.-me acusó con la sonrisa aún en la cara.
-Sólo estoy enamorada-me justifiqué.
Él se acercó a mí y me empujó para que saliera de la clase.
-Vamos, tengo que cerrar. Si no, me caerá la bronca.
Con los puños apretados salí de clase. Me trataba como a una niña pequeña.  Y sólo tenía uno o dos años más que yo. Era injusto. Pero era así. Suspiré. No podía hacer nada. Ninguna provocación de mi parte parecía producirle nada. Yo era como un lápiz que intentaba pintar en un trozo de papel que ya estaba pintado. Él estaba como inmunizado.
-No irás a hacer una rabieta, ¿Verdad?-me preguntó intentando arreglar las cosas mientras caminábamos por el pasillo, ya casi a oscuras.
-Para nada-murmuré con algo de tristeza en la voz- supongo que tendré que volver a enamorarme, de alguien que me quiera.
-Eso está bien-me dijo él metiéndose las manos en los bolsillos.
Nunca pensé que alguien pudiera resistírseme así. Mientras oía el eco de nuestros pasos, lo sentía tan cercano… y a la vez muy lejos. Salimos a la calle, aún en silencio, sin decir nada.
-Te acompaño a casa-me dijo él.
Yo asentí con gesto inexpresivo. Noté como miraba hacia delante algo incómodo. Atravesamos el parque, y yo me entretuve observando los árboles y las flores. Entonces me acerqué a la valla de madera que había en el parque, y delimitaba el barranco. Él también se acercó y se apoyó en ella, a mi lado.
-No voy a querer a nadie más-dije con lágrimas en los ojos.
Él no respondió. Me balanceé hasta quedar medio cuerpo a ras del barranco. Él me miró nervioso y me cogió la muñeca para asegurarse de que no me tiraba.
-Puedes intentarlo-murmuró.
-No-me negué cabezota- no lo haré. Suéltame, me voy a tirar.
-No, no digas tonterías, Victoria…
-Enrique.-musité.- o dejas que me tire o…
De repente, el trozo de valla en el que estaba apoyada, empezó a crujir, y cedió. Ya me veía debajo de una cruz, cuando sentí las manos de Enrique en mi cintura. Empecé a esperarme lo peor tras verme bajo su mirada furiosa, y casi preferí haberme caído por el barranco. Pero entonces, sin previo aviso, me besó. Me quedé a cuadros y ni si quiera cerré los ojos. Noté como sus manos paseaban por mi cintura, agarrándome con fuerza. Bajé los párpados y pasé los brazos por su cuello. Dejamos de besarnos para respirar y me encontré con sus ojos, medio cerrados mirándome fijamente. Creo que estaba enfadado.
-¿Pero qué demonios haces?-me espetó sin soltarme.
-Arriesgar-musité.
-Ya veo-dijo enojado.
Seguimos en la misma posición, muy cerca el uno del otro.
-Eres capaz de hacer estas locuras, por un beso…-murmuró.
-Pero no por un beso cualquiera-dije sonriendo- por uno tuyo.
Yo me sentía feliz, en la cúspide de la alegría, como si fuera la reina del amor tras ese beso. Cuando estaba con él no me importaba parecer perfecta, es más, era todo menos eso. No dudaba en recalcar mi carácter infantil y cabezota, y no estaba continuamente mirándome en los espejos y tocándome el pelo. Cuando estaba con él, era yo, y no esa imagen dibujada que yo  había creado a partir de mí misma.
-Vámonos-musitó él carraspeando y sacándome de mi embobamiento.
Yo asentí aún en las nubes, y no advertí la incomodidad de su voz. Seguimos caminando hasta casa. Ya en frente de mi puerta, le miré fijamente. Nos quedamos un rato en silencio, mientras yo esperaba en vano un último beso. Di un paso hacia delante y de puntillas me puse a su altura.
-¿No vas a besarme?
Él me miró aún sin pronunciar palabra muy serio, sin apartarse. No pude evitarlo. Antes de que hablara los ojos ya se me habían llenado de lágrimas. 
-No te quiero, Victoria. Estoy enamorado de otra persona.
Diciendo esto me dio la espalda y se echó a andar por la calle. Últimamente todo me salía mal. Recientemente había descubierto, que esa chica que conocí en la fiesta a la que fui, era mi hermanastra. No era que me desagradara, por lo menos no mucho, pero es que me sentía algo incómoda en esa situación. No tenía ni idea de que mi padre hubiera tenido otra familia, y había tenido una pelea con él, a pesar de lo abatido que se le veía. Aunque él, tampoco era mi padre de verdad.
Abrí la puerta con la llave. El silencio abrumador llenaba toda la casa. No había nadie. Y de algún modo lo agradecí. Porque en cuanto cerré la puerta tras mí y escuché el cerrarse de ésta, dejé que las rodillas rozaran el suelo y sin tomar reparo en nada, rompí a llorar. Y es que el amor… realmente duele.

domingo, 19 de junio de 2011

20. Una cruel separación

-A las seis y media. No es una sugerencia de como pasar la tarde.
Les puse morros. Ya había venido la feria a la ciudad, y desde lejos se cernía amenazante sobre mi pobre figura. Yo, que no era capaz de montar ni en el tiovivo sin marearme... Suspiré y les miré con resignación.
-No pienso montarme en ninguna cosa que se levante cuatro metros desde el suelo.-tercié intentando que no me tamblara la voz.
-No seas así-me dijo Abril dejando la mochila encima de su mesa- nos lo pasaremos bien.
-Es verdad. Con el miedo se chafa todo. No seas cagueta.
Le miré un instante. Ya estaba poniendo en marcha su plan "pique" del cual ya estaba excesivamente acostumbrada. Pero para sus sorpresa, no caí en su trampa.
-Lo soy, lo admito-dije.
-Vamos, Carla-bufó Abril.-el año pasado me hiciste lo mismo. No puedo creer que aún tengas miedo de eso. Eres fuerte.
Abrí mucho los ojos consternada y miré hacia el suelo.
-No lo digas ni se te ocurra-dije muy seria.- en ocasiones parece que te de lo mismo lo que me pase.
-Sabes que no es así. Yo me preocupo mucho por ti, pero eso sólo pasó una vez, y no volverá a ocurrir.
Ismael nos miró a las dos confuso mientras esperaba a que alguna soltara algo de información.
-¿Qué me he perdido?
Ambas nos miramos y noté como ella titubeaba.
-Bueno... se cayó de una atracción y se rompió una pierna.
Me mordí el labio y me alegré de que mi amiga supiera improvisar.
-¿Y de dónde te caíste?
-En realidad se golpeó y bueno... fue en el Alcatraz-exclamó Abril.
-Es ese que son varias jaulas que giran...
-Sí, se abrió una.
-Ah... pero bueno, eso no pasa siempre. Créeme.
Asentí intentando mostrarle mi sonrisa más convincente. Sabía perfectamente lo que en realidad pasó.  Siempre había preferido no recordarlo. Cuando estaba montada con Abril en una atracción, empecé a sentir unas punzadas en el pecho y  casi me caí al suelo. Fueron los primeros síntomas de una enfermedad hereditaria del corazón. Sólo Abril lo sabía. Lo que ella no sabía era que aún la tenía. Y la tendría siempre. Tragué saliva y me esforcé en sonreír, reír, soltar un comentario, reír, sonreír.


´Salí a la calle y aspiré el aire del mediodía.
-Eh, espérame-me pidió Ismael cogiéndome una mano.
Cerré los dedos alrededor de ella y la abracé echando mis brazos alrededor de su cuello.
-Uy, mira que estás cariñosa hoy-observó pasando una mano por mi cintura y acariciándome el pelo.
-Estoy haciendo esto para que esta tarde no te odie. Me recuerdo continuamente que te quiero.
-Ya... pues no te va a servir de nada-dijo dándome un breve beso en los labios- te vas a montar en todas las atracciones... todas...
Me subí la cremallera de mi chaqueta y de la mano fuimos caminando por la calle. A pesar de sus amenazas estaba segura de que conseguiríra escaparme. Me llevó a casa, pasándose de su casa y antes de entrar me apretó contra él y dejó un suave beso en mi frente.
-Sabes que puedes confiar en mí, ¿no?
-Claro-murmuré sintiéndome algo mal.
-Maña quiero verte-murmuró él.- te contaré todo sobre mí. A las cuatro en la estación de autobuses frente a nuestro parque, antes de irnos a la feria.
Asentí algo nerviosa y dejé que me diera un breve beso en los labios.
-Te quiero-musité mientras se daba la vuelta para irse.
-Yo también.-me dijo él con una sonrisa.
Vi como desaparecía en la esquina, e inconscientemente, me puse la mano en el corazón. Otra vez. Sentí unas punzadas, pero se me pasó rápidamente. Abrí la puerta y crucé el jardín. Tenía tanto miedo... ¿y si... y si fuera grave? ¿Y si me moría? No podía morir aún, era muy joven, ¡me quedaba una vida por delante!
Pasé una tarde fatal. Ni si quiera llamé a Abril para salir. No tenía muchas ganas. Me tumbé en la cama, di vueltas de un lado a otro rollo hámster... estaba muy cansada. Pero sobre todo, preocupada.

¨*          *            *
Cuando llegué, Ismael estaba apoyado en una farola. Antes de acercarme leí en su rostro la preocupación y los nervios. Por un momento me asusté. ¿Era tan grave lo que tenía que contarme? No me atreví a pensar en una infidelidad. Le saludé pero no me atreví a darle un beso.
-¿Qué tal?
-Bien-respondí con un hilo de voz.
-Tranquila-murmuró él con una sonrisa- tampoco es muy importante. Pero sentí que tenía que contártelo.
Tragué saliva y observé como levantaba la mano y la giraba. Se desprendió de su reloj y le miré horrorizada un instante. El posó la mirada en el suelo y volvió a ponerse el reloj alrededor de la muñeca. Nunca pensé que escondiera eso. Sujeté sus manos un instante y luego le abracé con fuerza. No pude evitar que me cayeran las lágrimas.
-Lo siento... lo siento...-murmuré destrozada.
-No lo sientas-me dijo- tú has sufrido más que yo.
-Mentira.-susurré.
-¿Sabes?-dijo de repente- por eso me fijé en ti. Nadie en el mundo podía entenderme más que tú. Veía en tus ojos una seriedad que no era normal, las ganas de llorar continuamente.  Deseaba que estuvieras a mi lado. Atraparte.
Le quité el reloj una vez más y acaricié la raya de la cicatriz que le cruzaba la muñeca. Una cicatriz que podía haberle quitado la vida. Pero por suerte, no lo consiguió.
-¿Por qué?-musité entre lágrimas.
-Cuando estaba en el colegio... mis padres se separaron. Un día... mi padre llegó a casa... y mató a mi madre delante de mí. Los padres que tengo ahora me acogieron hace un año. Mi padre está cumpliendo pena en la cárcel y mi madre ya te imaginas dónde.
Le callé la boca con la mano mientras seguía llorando. Siempre pensando que él nunca podría entenderme. Que nadie podía sufrir tanto como yo...
-Pero...-murmuró entre mi mano- me hice fuerte. Me prometí no volver a sufrir y encontrar a alguien a quién proteger, y no ser jamás como mi padre. Y cuando te conocí la encontré.
Empecé a sollozar más fuerte y enterré la cabeza más en su pecho.
-Vámonos a un lugar más apartado-me pidió él.
Asentí con la cabeza. Está bien. Se lo diría.
Caminamos de la mano y llegamos hasta nuestro parque. Allí me llevó bajo los árboles. Yo seguía llorando como una magdalena.
-No quería... que lloraras-me dijo él preocupado mientras me acariciaba la mejilla.
-No lo entiendes-dije de repente.-no sé por qué las cosas tienen que ser así.
-Yo no...-empezó a decir él confuso.
-Ismael yo.. yo tengo...
Me quedé petrificada. Sentí como si me arrancaran una parte del pecho, como si hubieran clavado un cuchillo por detrás y me hubiera atravesado. Agarré fuerte su camiseta y retorcí los dedos en ella.
-Carla... Carla, ¿qué te pasa? ¡Carla!
Empecé a verlo todo muy borroso. Me aferré con fuerza a él y empecé a hiperventilar.
-T-Todo es tan complicado... ¿sabes por qué me daba miedo ir... a la
competición? Por la puñetera posibilidad de que en medio de un partido me pase esto.
Él me miró aún sin comprender.
-Estoy enferma del corazón, Ismael.
Diciendo esto, con los últimos alientos y con el poco aire que me quedaba en el pecho, noté como mis ojos se cerraban involuntariamente y dejaba de sentir el suelo sobre mis pies.