domingo, 26 de diciembre de 2010

12. Traición

-¿Qué piensas Gabriel?
La paloma alzó la cabeza indignada. Abrió lentamente los ojos y nos clavó la mirada amenazante que tanto le gustaba poner.
-Creo que esto está mal. Si el superior lo viera…
-Pero tú no…
-Arya-me cortó él molesto y a la vez preocupado.-quizá el superior no lo vea, pero Dios tiene ojos en la nuca, y todo lo ve. Deberíais esperar temblando el Juicio Final.
Me levanté de encima del regazo de Jack y observé mi pelo en un espejo. Luego observé las plumas blancas de la paloma.
-Creo que deberíamos salir un poco.
Caminamos de la mano por el parque. Tenía algo de miedo de encontrarme con Daniel, no sabría cómo explicarle. Y… Eva. Se suponía que yo era su prima. Aunque ella a mí no me conocía. Sonreí. A pesar de que me esperaba el sufrimiento eterno, solo era capaz de ser feliz y sonreír.  Nos sentamos en un banco del parque, y empezamos a observar como la gente caminaba por la calle.
-¿Quieres que vaya a por una bebida?-preguntó Jack  levantándose.
-Bueno-dije.
Observé cómo se alejaba. Empecé a observar los pájaros y a oír las pisadas y el murmullo del viento.  Entonces vi a una persona familiar. Abrí la boca de par en par sorprendida. Daniel.
-¿Cómo estás, mi amor?-me preguntó.
No me dio tiempo ni a moverme. Quería haber replicado. Haberle explicado. Pero no me dio tiempo. Se apoyó en el banco y me besó. Me quedé inmóvil. Petrificada. Y todo lo que más odié pasó.
-Arya…
Observé las bebidas en el suelo y a Jack a menos de un metro. Él se dio lentamente la vuelta con dolor. Y todo sucedió muy rápido. El cielo se vio atravesado por un tenebroso rayo, y se oscureció. Jack se giró hacia mí y luego miró hacia el cielo asustado.
Cuando volví a mirar a Jack, vi a alguien delante. Con un vestido blanco, y el pelo recogido en una larga trenza oscura, Eva me miró, y levemente sonrió. Me fijé en el inusual brillo de su mirada, y encajé todas las piezas del un golpe. Pero antes de que pudiera reaccionar, todo se envolvió en una luz blanca.  Sentí malestar, y luego nada. Como si hubiera vuelto a ser un ángel. Entonces, cuando me atreví a abrir los ojos. Vi que mis manos estaban más blancas de lo normal. Volví a sentir  dos articulaciones que salían de mi espalda. Me vi feliz y a la vez triste. ¿Por qué había vuelto a recuperar mi cuerpo de ángel?  ¿Y por qué ella me había mirado así? ¿Y qué hacía Satya en el cuerpo de Eva? Me froté las sienes con los dedos índice y corazón. Me sentía fatal aunque estuviera en el paraíso. Un momento, ¿en el paraíso? Alcé los ojos, y con horror comprobé, que no estaba en él. Era una sala blanca, con muchas sillas. A mi lado estaba el superior Rafael, que me miraba con indignación. Entonces lo entendí. Sentado en las tribunas, estaba el Querubín Marian. Estaba en los tribunales del Juicio Final.


-¡ARYA!!!-grité, pero no obtuve respuesta.
Una potente luz la había envuelto. De repente vi que Gabriel tampoco estaba. Maldición. Entonces la miré. Sí. ¿Qué hacía Eva allí? Miraba con compasión al chico, que estaba confundido.
-No te preocupes, Daniel. Te engañó. Ella no te quería. Te utilizó.-le decía remarcando las palabras.-ella era mala.
-¡Eva!-le grité ya desesperado-¿qué haces aquí?
-Jack, yo no soy Eva-exclamó Satya acercándose a él.
Jack la observó con desconfianza un instante.  Recorrió las formas de su cuerpo, y luego paró en sus ojos. Tenían un brillo diferente. Entonces me di cuenta de que de su cuello colgaba un colgante parecido a los que llevan los ángeles gemelos. ¿Podría ser…? No. Arya no llevaba ninguno. Que él supiera.
-Jack, mi nombre es Arya. Soy la verdadera. Ella era mi hermana, Satya. Usurpó mi lugar para ser tu Aritmi, y además, ensució mi nombre.
-¿Arya?-exclamé sorprendido.
No podía ser… ¿me habían estado engañando todo el tiempo?

martes, 21 de diciembre de 2010

Por ti Lune

He decidido seguir con la historia por Lune. Ella es una de las únicas que comenta, y porque la quiero muchísimo y no quiero decepcionarla... continuaré con la historia. Pero no cambiaré el header, después de haberlo creado y puesto... pero en fin, espero que me perdones Lune.

Baby

lunes, 20 de diciembre de 2010

11. La decisión

Jack estaba en la litera de abajo y yo en la de arriba. Iba por el tema 3. Muy atrasados. Pero eso no era lo importante ahora.  Después de haberme dado ese inesperado beso, él había seguido… y yo también. Avergonzada, yacía en mi cama boca arriba, tragándome los gemidos y las lágrimas.
-Arya…yo…-murmuró.
-¡Cállate!-le grité.
No volvió a hablar. Me había besado. Yo había seguido con el beso. Esto no podía suceder. Era la peor Aritmi de la historia.
-Arya…
No tuve tiempo de decirle que se callara. Se subió a la litera y me tapó la boca con su mano. Enrojecí de furia, pero le miré con resignación.
-Te quiero. Y tú también. Ambos podemos sentirlo…
-Pero no puede ser, Jack, no puede ser-insistí quitándole la mano de la boca.
-Pero es que te quiero.
Me quedé callada y le observé. Sentí que nunca había visto a nadie tan seguro en mi vida. Bajé la cabeza con tristeza.
-Podría acabar en infierno-musité.
-Yo iría contigo-me juró entrelazando mi mano con la suya.
-Eres Dios-le dije- el paraíso es tu lugar. No el infierno.
-Te quiero-murmuró sin hacerme caso.
Entonces de nuevo se acercó a mí. Lo sentí muy cerca de mí y sentí la necesidad de cerrar los ojos, para no ver el sufrimiento que el futuro me deparaba. Para no ver con angustia como sus labios buscaban dentro de mí. Sentí como nos hacíamos uno mientras me besaba. No podía evitarlo. Era un sentimiento que me mataba. Había dejado de ser un ángel. Nunca me había sentido tan humana.
-Yo también te quiero-dije en un respiro.-y me duele tanto…
Empecé a llorar. Casi podía sentir la presencia de Gabriel, mirando con tristeza la escena, como si supiera que la consecuencia de esto solo era el infierno, y que me esperaba con los brazos abiertos. Y volví a besarle. Una y otra vez.
-Jack…-dije en un susurro.
-¿Qué quieres, mi amor?
-Renunciaré a mi puesto de Aritmi.
-Entonces yo lo haré del de Dios.
Sorprendida, abrí mucho los ojos. Pero no los mantuve abiertos mucho tiempo. Los cerré mientras Jack me besaba entre las sábanas, liberando todo ese amor que lo llenaba por dentro.

sábado, 18 de diciembre de 2010

10. Venganza

Sonreí. No había tenido que mover un dedo para ver a mi hermana incumpliendo las reglas. Había conseguido que esa maldita chatarra que me colgaba del cuello funcionara de una maldita vez. Y había visto a mi hermana con forma humana, besando al hijo de Dios. Quizá no necesitase utilizar a esta estúpida humana para conseguir ser la Aritmi de Jack y echar a mi hermana del Paraíso.
Caminé tranquilamente por el parque cuando vi a un chico. Éste se paró delante de mí y me saludó con timidez.  Registré los recuerdos de Eva para averiguar quién era. “Amigo de la Infancia.”.
-Hola, Daniel-le saludé.
-Dejaste a Roberto ya, ¿no? Me alegro.
-Sí-dije respondiendo con torpeza-no era para mí.
-Eso significa que podemos volver a ser amigos, ¿no?
-Claro-respondí.
Seguí registrando. Daniel se enfadó con Eva porque no quería dejar a su novio violento. Gracias a Jack lo dejó. Le observé, por si tuviera algo de anormal. Entonces me fijé. Tenía un vínculo de amor con… con… mi hermana. Sonreí. En los juzgados del reino de los Cielos mi hermana caería en picado…para siempre.
-¿Sabes?-dije con una sonrisa maléfica-yo en realidad te quiero.
-¿Qué?-exclamó él.
-Lo que pasa es…-tenía que ser creativa-que no soporto que haya una idiota persiguiéndote… y menos que tú la persigas ahora.
Él aún seguía inmóvil mirándome, con los ojos muy abiertos. Puse mis brazos alrededor de su cuello. Él me miró con intención de apartarme, pero no le dejé. Me puse de puntillas y le robé un beso. Él dejó de poner resistencia, y dejó caer los brazos.
-Bien, Daniel… ahora harás lo que yo diga.
-Sí.
Sonreí y solté una risa malvada.
-Cuando veas a Arya, la besarás. Y si está con Jack… mejor.
Asintió. Me di la vuelta y caminé en dirección opuesta. Si Arya engañaba a Jack con ese chico, seguramente se enfadaría tanto… que no le molestaría que yo enviara a su Aritmi al infierno… y yo me quedara con ese puesto.

9. Las reglas vs el amor...

¿Por qué sentía un agujero en el corazón? Desde que Arya me había dicho que tenía una cita con un chico, es como si se me hubiese parado, como un reloj de cuerda que deja de funcionar. Miré un instante hacia la ventana. Estar en la Tierra solo le producía malestar. Arya era… una desconocida para él. A penas menos de una semana que la conocía y sin embargo… es como si hubieran sido años, y el lazo entre los dos se hubiera hecho de hierro. Entonces llamaron a la puerta. Me giré con una sonrisa. ¿Era Arya? ¿Se había arrepentido de todo y había vuelto? Mi Aritmi… era la persona que más apreciaba yo. Mi mentora. Mi amiga.
Abrí la puerta confiado, al fin y al cabo, los humanos no podían localizar mi piso. Fue en ese preciso instante, en el que quedé alucinado.  Una mujer se presentó delante de mí. Reconocí al instante el brillo celestial de sus ojos. ¿Adiana?
-Hola, hermano-saludó ella con una sonrisa-he venido a verte.
-Eh… hola-dije observándola.
No la había visto en siglos. Tenía la apariencia de una mujer alta y delgada, se veinte años, con el pelo castaño miel cayéndole liso por encima de los hombros, piel blanca y vestida con unos simples vaqueros y una camisa. Pero lo que más me sorprendió, fue ver a una niña a su lado que la cogía de la camisa. Me clavó la mirada un instante, y luego, inclinó fervientemente la cabeza sin pronunciar palabra.
-Hola, arcángel Susan-saludé.
Ella sonrió, y casi me pareció ver malicia en sus ojos. Bueno, yo era prácticamente el sucesor de mi padre, no era de extrañar que me hubieran obligado a aprender la identidad completa de la Aritmi de mi hermana.
-¿Por qué has venido, Susan? ¿Quieres ser la sucesora de Papá? Sabes que te cederé con gusto…
-Debo decirte Jack, que esas no son mis intenciones, y… lo sabes.
Asentí malhumorado. En vez de pelearnos por el puesto de Dios, nos peleábamos porque el otro se lo quedara. Yo quería vivir sin complicaciones y ella, quería ser humana. Sí, como lo oís. Adiana era mi hermana mayor, primogénita, verdadera heredera del puesto. Suspiré. No podía evitar relacionarlo con la antigua época feudal. Solo que al revés.
-¿Y tu Aritmi?-preguntó Susan con frialdad.
-Ha salido-dije quitándole importancia.
-La he visto-contraatacó el arcángel.
-Ah-dije sonrojándome.
-Estaba con un humano.-el tono frío de su voz se hizo más evidente.
-Jack-suspiró mi hermana.- ¿Tu Aritmi sabe sus limitaciones y sus reglas?
-Bueno…-tanteé haciéndome el tonto.
-Regla número 1… Tu Aritmi nunca se separará de ti. Regla número 2… Tu Aritmi siempre te ayudará y enseñará. Regla número 3… Tu Aritmi nunca se enamorará de Dios… ni de un humano.
Me quedé callado. Susan había leído las reglas de un trozo de pergamino viejo y enrollado.
-No ha incumplido ninguna-mentí.
-Ya-dijo Adiana acercándose a la puerta-nada de esto saldrá de aquí, ¿vale?
-Sí-asentí.
Su Aritmi salió del piso sin demasiado interés; ya debía de saber las respuestas y pensamientos que mi hermana deseaba decirme.
-Ah, y dile a tu Aritmi que tenga cuidado. Deberías recordar que no puedes mentirme.-sonrió y desapareció.
Me mordí el labio enfadado y cerré la puerta tras ella. Entonces volvieron a llamar a la puerta. Si era otra vez ella, la echaría a patadas de allí. Desde que estaba en la tierra no hacía más que cometer estúpidos errores, una y otra vez. La abrí con furia. Y allí estaba. Arya. Y estaba llorando.
-Yo…yo…-dijo ella-¡lo siento!
Se abalanzó a mis brazos. Yo la sostuve con la mente en blanco, mientras sentía como me mojaba la camiseta con sus lágrimas. Le levanté la cabeza y ella gimió, como si sintiera que iba a apartarla. Pero yo, comportándome como un auténtico idiota, como el más imbécil de los imbéciles, y olvidando todas las reglas impuestas, la miré a los ojos y la besé.