jueves, 9 de diciembre de 2010

Se acabó

Por lo que veo, mi blog no ha perdido seguis, pero si comentarios. Me encanta que haya personas que siempre estén apoyándome  pero esto me desconcierta! Así, que a partir de ahora, termino con esto, pero ojo, no con el blog, sino con esta lentitud abrumadora que llevo. A partir de ahora, este será el blog que más enganche de todos, porque haré más guay la historia. Por cierto, ya tengo pensada la próxima_!!!XD, seré idiota... Un besazo...!!!

Baby

miércoles, 8 de diciembre de 2010

8. Ahora eres mía

El superior indicó hacia el gran portal en frente de las escaleras. Yo le miré con desprecio.
-Satya, te toca una humana que vive en España, un país situado en Europa. Cuando cruces el portal, y desciendas por las escaleras, aparecerás al instante en ella. Buena suerte.-me dijo como un robot.
A sol también le había dicho lo mismo. Con una gran sonrisa, inocente e infantil, se había despedido de mí con un beso en la mejilla, y había desaparecido tras el portal. En el fondo no la odiaba. Tenía compasión de ella. Era evidente que vivía en su mundo de colores, un mundo en lo que nada puede perjudicarla. No es consciente de las injusticias de la vida. No tiene  los sentimientos que a mí me azoran cruelmente cada día. Con solo sonreír, resuelve sus problemas. Quizá también la envidiaba. No lo sé.
Volando, y mirando con asqueo al resto de los ángeles, que ilusionados, esperaban que el superior los nombrase, crucé el portal.  Pobres y estúpidos… ingenuos. Preferí bajar las escaleras a pie, aunque nunca había andado en realidad, me resultaba algo muy humano, y sobre todo, muy tonto. Entonces una luz me atravesó. Gemí del susto. Cerré los ojos con fuerza, a pesar de que no sentía dolor. Sólo sentía un vulgar sentimiento humano; miedo. Entonces me removí incómoda.  Me encontraba algo cansada y falta de aire, como si no tuviese espacio suficiente. Entonces lo entendí. Abrí los ojos y vi un escritorio, una mesa, un lápiz… y me horroricé. Estaba en un cuerpo humano, compartido con un alma…humana. Observé desde otro ángulo, una foto. Tenía el marco de madera, y en él había una chica bajita, de ojos grandes y pelo rubio brillante. Lo comparé rápidamente con el mío, pero rechacé la idea. Ya no tenía pelo. Su pelo era el mío. Mis pensamientos también.
“Vaya, aún me siento mal por lo de Jack. Me pregunto si debería llamarle. Pero si no tiene móvil, que tonta”
Observé como la chica mantenía una conversación consigo misma, riñéndose y contradiciéndose. Conocía perfectamente de quién hablaba. Sol me había revelado el día antes, que el hijo de Dios usaba un nombre humano en la Tierra. Cabía la posibilidad de que fuera él.
“¿Sería su novia? Eso encajaría, pero… ¿y si era su prima? Bah, creo que debería… no. No lo hagas. ¿O sí? Debería olvidarme de él…”
“No lo hagas”-le dije de repente.
La muchacha se levantó asustada. Entonces recordé las palabras de mi superior. “No hables con humanos, no te comuniques con ellos, limítate a protegerlos y velar por su alma. Ellos saben que existes, pero no debes darles motivos para creer que es así.” Inquieta con sus palabras, me callé.
“¿Me lo habré imaginado?-sonrió- será mi consciencia. Vamos Eva, hay que acabar este problema…”
Entonces me envalentoné. No era justo que tuviera que estar prisionera de una humana, y que encima tuviera que protegerla. Así que, sonreí malévola, dispuesta de desobedecer por completo todas las reglas escritas, y rebelarme ante mi especie con toda mi alma.
“Hola, Eva”
“¿Quién eres?”-preguntó asustada.
“No te alarmes. Soy tu ángel, he venido para protegerte. El anterior parece que no lo hizo demasiado bien.”
“¿El anterior?”
“Sí, antes tuviste un ángel, pero le quitaron su puesto. Al parecer, sufriste mucho. No te preocupes, estoy aquí para protegerte de todo.”
“Vaya, me estoy volviendo loca…”
Eva se levantó, se fue al baño y empezó a beber de un vaso, un poco de agua. Estaba nerviosa. ¿Qué pasaba? Sulfurada, miró su reflejo en el espejo. A su lado, había una chica rubia vestida de blanco, con el pelo rubio y largo. Ésta tenía una mirada perdida y llena de un sentimiento de ardor.
“Yo te protegeré, Eva. Nadie volverá a tocarte. Juntas seremos invencibles… y Jack caerá a tus pies…”
Empezó a ver borroso, y tuvo que apoyarse en el lavabo para no caerse. Aquél fantasma que decía ser un ángel la abrazó, y dijo suavemente:
“¿Te unirás a mí, Eva?”, preguntó.
“Sí”, musitó.
“Bien”
Abrí los ojos completamente y reí con satisfacción. Ahora que esa débil alma humana había sido prácticamente anulada, tenía el control completo de ese cuerpo. Podía sentir el flujo de sus pensamientos, muy por debajo de mí, casi desapareciendo. La vi en un rincón sentada y sonriendo, completamente en trance. Salí de su casa, ignorando a su madre, que la llamó para que no saliera. Pero yo no era su hija, y no tenía ningún poder sobre mí.
“Ahora eres mía. Mía.”
Tenía que buscar a Jack. Mejor conocido como el hijo de Dios. Reí. Sí.

martes, 7 de diciembre de 2010

7. Un leve sentimiento

En la litera, echa un ovilla sobre las sábanas, observé como Jack abría la puerta y se paraba a mirarme. Hacía ya un buen rato que había parado de llorar, pero mi cara seguía mostrando dolor y una perseverancia fría.
-Lo siento-dijo él.
-No lo hagas. Tienes todo el derecho del mundo a mentirme-dije apretando fuerte las sábanas entre mis puños.
-Sabes que eso no es verdad.-dijo él cerrando la puerta y subiéndose a la litera.
Se sentó a mi lado y dejé que cogiera mi mano, y entrelazara mis dedos con los suyos. Pero no despegué mi vista de las sábanas.
-¿Te gusta Eva?-le pregunté.
-¿Gustar?-preguntó confundido.
-Sí, que si estás enamorado de ella. Es por eso por lo que no querías que fuera, ¿verdad?
Mantuvo un rato de silencio, el cual interpreté como un sí profundo y doloroso.
-No sé si me gusta. Nunca me he enamorado de nadie. Es un sentimiento muy humano-dijo él.
-Pero querías estar con ella, ¿cierto?-pregunté inexpresivamente.
-Sí-dijo él.
Una oleada de frialdad me recorrió, y sentí que la furia y la envidia hacía de mí otra persona.
-Tu futuro no es ése y lo sabes-le reproché- tu futuro es ser Dios.
-Lo sé.-dijo él.
Me abrazó. Me sentía pequeña e insignificante en sus brazos. Le quería. Había tardado en darme cuenta pero era así. No estaba enamorada de él, porque no podía estar enamorada, pero le quería. Los abrazos que compartíamos eran solo muestras de cariño entre los dos, no significaban nada al fin y al cabo.
-¿Me perdonas?-me preguntó.
-No-le dije tozuda mientras sentía que se me humedecían los ojos.
-Hay que ver, el ángel cabezota que me ha tocado-se quejó.
Sonreí y apoyé la cabeza sobre sus piernas.
-¿Qué soy para ti?-le pregunté.
-Eres mi Aritmi-dijo él- y mi amiga.
Sonreí, pero no pude evitar un deje de tristeza. Giré la cabeza y me levanté apesadumbrada.
-¿Qué te pasa?-preguntó él haciéndome girar la cara.
-Hoy he conocido a un chico-dije sin mirarle directamente a los ojos-he quedado con él esta tarde. Ahora puedes salir con Eva sin que yo te moleste.
Me bajé de la litera sin decir nada más, y me dirigí a la cocina para ponerme a cocinar. Jack no dijo nada, ni durante la cocina, ni en toda la tarde. Cuando dieron las seis, salí de casa. Me dio un ataque de remordimientos en plena calle por dejar a Jack solo, pero cuando pensé en Eva, se me pasó rápido. Crucé la calle, con la mente perdida. Por algún motivo no podía dejar de pensar en Jack. Poblaba y nublaba mis pensamientos.
-Hola-la voz de Daniel me sobresaltó.
-Vaya, hola, perdona-dije con simpatía-estaba en las nubes…
Mi propia expresión me hizo anhelar mi amado cielo y sorprendí de mí misma. Llevaba unos vaqueros, unas deportivas y un abrigo azul. Sonreía pero parecía que algo le atormentaba, y una sensación extraña me dijo que era por mi culpa.
-¿Quieres que  vayamos al cine?-me preguntó.
Me quedé a cuadros.
-¿Al cine?-pregunté titubeando. ¿Qué era eso?
-No te preocupes yo te invito-dijo él sonriendo.
Yo hice un amago de sonreír. Fui a su lado, y me llevó a un lugar con muchos carteles. Con curiosidad empecé  a observarlo todo, inquieta. El mundo de los humanos me parecía fascinante.
-¿Quieres palomitas y un refresco?-me preguntó mientras entregaba la entrada al supervisor.
Asentí, aunque ni si quiera sabía lo que eran. Al principio me asusté, pero intenté parecer tranquila, como si fuera al cine todos los días. Entre en una sala  compete a oscuras, donde no se podía ver casi nada. La oscuridad me intimidaba, y cuando entramos, cogí sin pensar, la mano de Daniel. Este dio un respingo, pero no dijo nada. Entonces me di cuenta de que entre humanos era un rasgo de demasiada confianza. Se la solté apesadumbrada. Subimos una escalera, y me guié por las luces de los escalones. Daniel me indicó una fila, y allí nos sentamos. La película estaba entretenida, y casi ni me di cuenta de que había acabado sosteniendo la mano de Daniel con fuerza. Era tan normal para mí… tan inevitable…
-¿No quieras palomitas?-me ofreció con tono nervioso.
Cogí y las olí con desconfianza. Me metí una en la boca, y la saboreé. Sonreí. Estaba deliciosa. Bebí un poco de mi refresco. AL principio me había dado algo de miedo por su color anaranjado y esas pompitas que tenía, pero al tomarlo me había invadido como una especie de sensación eufórica y refrescante. Estuve todo el rato irradiando alegría, sin embargo sentía como una parte de mí tiraba hacia abajo, hundiéndome, y no dejaba de aparecer en mi mente el rostro de Jack. Acabé admitiendo que estaba preocupada. Era un leve sentimiento que me aturdía. Pero era su Aritmi. ¿Qué diablos estaba haciendo despreocupándome así? ¿Dejándolo solo? Entonces todo pasó muy rápido. Me levanté del asiento, en plena sala a oscuras, y casi al final de la película.
-Tengo que irme, lo siento…-dije sin apenas mirarle.
Entonces, sentí su mano cogiendo mi brazo, y como perdía por completo el equilibrio. Me di la vuelta hacia él en plena caída, y se le cayeron las palomitas y el refresco. Éste se cayó en mi camisa, haciendo una gran mancha.
-Lo siento, lo sient…-salté yo.
Pero no me dio tiempo. Sus brazos me rodearon y me besó. Un pequeño roce. Un momento frenético en un segundo. Mi corazón latiendo con fuerza. El tiempo parado; solo su rostro y el mío. Mi corazón latiendo intranquilo. Una declaración de amor escrita con tinta invisible en sus labios. Y un leve sentimiento de dolor en mi pecho.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Créditos

A mi amiga Lune, por eesa imagen tan chula que luego se me olvido colgar XD. Un besazo, este es su blog:
http://seguireviviendo.blogspot.com/

sábado, 20 de noviembre de 2010

Engañada

Me sentía mal. Estaba enfadada con Jack desde esta mañana. Me había ofrecido a estar con él el colegio, pero se ha negado en rotundo, sin dar más explicación, como si fuera una molestia. Refunfuñada, me dio por caminar sin rumbo por la calle.  Hacía algo de frío, lo cual me molestaba. Era absurdo que tuviera que abrigarme, cuando en el cielo podía sentir calor y estar a gusto. Pero no, la Tierra no era el Cielo. Y yo era humana ahora. Bueno. Por lo menos tenía la apariencia y las necesidades de una humana. Encima podía sentir esos sentimientos antes desconocidos para mí. La envidia, el odio hacia aquella chica… me regurgitaba por dentro. Y el caso es, que desconocía el motivo. Quizá sentía que de algún modo, le robaba un pedazo del corazón de Jack. A los pocos minutos observé con pesar,  que el corazón del hijo del Señor no me pertenecía. Me aturullé, y me senté en un banco con un suspiro. Sentía que mis sentimientos humanos podían conmigo. ¿Antes los tenía? Sí, pero no con tanta intensidad. Estar en la piel de un cuerpo humano, me hacía sentir todo lo que vivían ellos. No podía ignorar tranquilamente lo que sentía como lo hacía cuando era un ángel.  De repente descubrí que tenía que cerrar los ojos para no derramar lágrimas de impotencia y tristeza. Me abracé las piernas buscando consuelo. Entonces me fijé en una pequeña escena al otro lado de la calle. Dos chicos grandes y fuertes estaban metiéndose con otro. Éste podía tener la estatura de Jack.  Alarmada me acerqué a observar con cuidado.
-Ni se te ocurra volver, ni se te ocurra-amenazaba uno de ellos empujando al chico.
Éste hizo ademán de levantarse, pero el otro lo volvió a empujar hacia el suelo. Lo miré completamente sorprendida, y a la vez indignada. Tuve algo de miedo, pero salté a la escena con el objetivo de defenderle.
-¿Queréis dejar al chico tranquilo?
Los chicos se echaron algo para atrás, cuando vieron el entusiasmo que le había puesto a mi entrada. Me miraron como si fuera una piedra insignificante y me dieron un empujón. Me caí al lado del chico, dándome en la cabeza con una papelera de hierro. Sentí como la cabeza me daba vueltas, y un profundo malestar. Me dolía mucho la cabeza, pero la rabia que me entró en esos instantes pudo conmigo.
-¿Qué hacéis? ¿Cómo os atrevéis?
-Pero mira la niña, aún quiere guerra-se rió uno de los chicos señalándome.
Me limpié las rodillas mientras me levantaba, y me interpuse entre el chico y ellos. Éste intentó decirme algo, pero los chicos hablaron antes.
-Hoy, porque está tu novia, enano de mierda-insultó uno de ellos.
Los dos se fueron a paso lento, dejándonos a los dos en medio de la calle solitaria. Me apresuré a ayudar al chico, cuando me dio un mareo.
-Vaya, ¿Estás bien?-me preguntó el chico sosteniéndome-no hacía falta que me defendieras. Te he metido a ti en problemas. Joder, ¡estás sangrando!
Me reí débilmente.
-Si te hubiera dejado solo, ¿qué sentido tendría mi vida?-le respondí.
Le observé misteriosa un instante. Era rubio, y un poco más alto que yo. Tenía varios raspones en la cara, pero nada importante. En cambio, a mí, me había empezado a correr de la herida de la cabeza, algo de sangre.
-Hombre-dijo riéndose-tampoco es para eso…
Sonreí débilmente. Un humano no podía entenderlo. Un humano no podía comprender que yo solo existía para proteger y amar a alguien. A mi protegido. Sin eso, yo no era nadie. De repente me mordí el labio arrepentida. Mi protegido era Jack. Yo tenía el deber de cuidarle y protegerle. Entonces noté como me limpiaba la cara de sangre con la manga de su abrigo.
-Lo siento, de verdad-dijo él.
-¿Por qué te querían pegar?
-Cuestión de territorio, ya sabes-se limitó a decir él.
Asentí como si supiera de lo que me estaba hablando. Era una persona muy amable.
-Mierda, no hay manera de parar esto-dijo mientras mantenía su manga en mi frente.
-No te preocupes-le dije.
-Nada-insistió él-ven a mi casa; allí tengo vendas y puedo curarte.
Asentí muy poco convencida y le seguí.
-¿Cómo te llamas?-me preguntó.
-Arya-respondí.
-Vaya, curioso nombre-dijo él- pero bonito-añadió.-Yo soy Daniel.
-Encantada.-dije sonriendo.
-Guau, eres algo rara ¿sabes?-me dijo él.
-¿Por qué?-dije poniendo una mueca.
-No sé, no eres como las demás chicas, que están todo el día fijándose en el físico, y esas cosas-dijo-nada olvídalo, es una estupidez.
-No sabía que las chicas de hoy en día se fijaran solo en esas cosas-dije.
Él me sonrió con calidez.Me llevó a su casa. Era un tercer piso. El pasillo estaba lleno de plantas. Me invitó a pasar. Sabía que no debía fiarme de desconocidos, pero mi instinto de ángel me hacía fiarme de él.
-Oye, ¿no deberías estar en el colegio o en el instituto?-pregunté.
-Pero si hoy es sábado.-me dijo él.
-¿Sábado?-exclamé asustada.
Era sábado. Entonces Jack no había ido al colegio. Ah. Rechiné los dientes con rabia. No había querido que yo estuviera a su lado, y se me ocurrían un montón de sitios a los que podía haber ido.  Lentamente me di cuenta de que era muy fácil engañarme. Intenté calmarme y observé como cogía vendas de una caja metálica.
-Vaya, perdona, no me había dado ni cuenta.-dije.
Empezó a limpiarme la herida con cuidado. Estuvimos largo tiempo hablando. Eran sobre las dos cuando me tuve que ir. El tiempo se me había pasado volando.
-Oye,-me dijo cuando estaba saliendo-¿quieres quedar esta tarde?
-Claro,-dije-pero no tengo teléfono. ¿Quedamos a las seis en el parque de abajo?
-Sí-dijo él mirándome.
Sonreí, y me fui caminando.  Entonces pensé en Jack. Me llenó un sentimiento de impotencia, pero lo ignoré todo lo que pude. Aunque, fue peor, cuando en mitad de la calle le vi. Estaba sentado en un banco, y se reía con esa chica, con Eva. Hinchada de dolor y sintiéndome engañada, en vez de tirar por otro camino, pasé por ahí, delante suya, con la cabeza gacha, pero pisando fuerte. Él me miró y abrió mucho los ojos. Gritó mi nombre. Yo hice oídos sordos.